2.1.12 La obra poética de Luisa Pérez de Zambrana (1835 – 1922)

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Luisa Pérez de Zambrana es exponente de la sencillez lírica que acompañó a la segunda generación romántica, la cual reaccionaba contra el excesivo retoricismo de la primera etapa. A diferencia de Gertrudis Gómez de Avellaneda, quien si recibió el beneplácito encomiástico de sus contemporáneas, Luisa Pérez fue más admirada por su trato cordial, la fidelidad a su esposo, la amabilidad hacia el prójimo, y otros atributos de su personalidad que resaltaban en los círculos sociales en que se movía la autora.

Su obra, aunque no era desdeñada, no se adecuaba al gusto popular por la propia sencillez e incluso el tono coloquial que después anclaría con tanta fuerza en la poesía cubana, ello no desdice de un tratamiento estilístico superior, patente en las propias modificaciones que se observan en los mismos poemas en sucesivas ediciones.

Despierta gran curiosidad el contraste existente entre la altura de su lenguaje artístico y la mediana educación que recibió en el seno de su familia, aunque ciertamente no se ocupó de grandes temas filosóficos y sí de la naturaleza, primero como matriz protectora y ya después desde el desamparo ante la tragedia que siempre rondó su vida; sobre todo a partir de la muerte de su esposo y de otros familiares, incluso sus hijos, a muchas de las cuales dedicó conmovidas elegías, insoslayables en la historia lírica del país.

Uno de sus poemas más conocidos: “A mi amigo A.L” revela la esencia de sus concepciones éticas y estéticas:

“pinta un árbol más bien, hojoso y fresco
en vez de pedestal, y a mí a su sombra
sentada con un libro entre las manos
y la frente inclinada suavemente
sobre sus ricas páginas, leyendo
con profunda atención; no me circundes
de palomas, de laureles ni de rosas,
sino de fresca y silenciosa grama;
y en lugar de la espléndida corona
pon simplemente en mis cabellos lisos
una flor nada más, que más convienen
a mi cabeza candorosa y pobre
las flores que los lauros”

Además de la frescura del paisaje y el justo acomodo que encuentra la autora a su regazo, bajo su sombra protectora; llama la atención la antítesis que establece también entre su cabeza, “pobre” y las “ricas” páginas del libro en que concentra toda su atención. Está aquí ya latente la idea de ser una “servidora” de la poesía, más que utilizarla para encumbrarse o alcanzar algún fin social.

Luisa Pérez condenó también la inferioridad social de la mujer; pero ello solo en el campo de las letras porque a diferencia de la Avellaneda sus hábitos de vida no quebrantaron la rígida moral social regente.

Su larga vida le permitió ser testigo de gran parte del proceso de formación de la nacionalidad, las luchas por obtener la independencia del yugo colonial español y la frustración republicana; pero aun cuando alguna de sus piezas tratara de soslayo estos tópicos, no conmovieron sus fibras más íntimas y se mantuvo al margen del ímpetu libertario, segregada un tanto de las aspiraciones de la sociedad de su tiempo. Su poética estuvo inmersa en temas personales y familiares, que acarrearon un incisivo dolor que se intuye a pesar de cierto pudor expresivo, y tienen todo el mérito de la autenticidad e incluso ingenuidad con que se expuso a sí misma.