2.2 El desarrollo del pensamiento científico, filosófico y político en la etapa de 1790 – 1868, su expresión en la literatura

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El exiguo desarrollo que había alcanzado la literatura cubana al comenzar este período -amén de que las periodizaciones reflejan de un modo esquemático el natural fluir y las superposiciones que tienen lugar en el campo de la evolución de las ideas y su plasmación en la literatura- le otorga una importancia capital a las manifestaciones prosísticas de los pensadores cubanos que vivieron en la etapa, pues estas se corresponden en gran medida con las corrientes literarias en boga y alcanzan matices estéticos afines al campo de lo propiamente literario, sin obviar que ellas fungieron asimismo como abrevadero de poetas y escritores en general.

Este criterio es suscrito por otros autores: “Es tradicional en las historias de la literatura cubana incluir la valoración de diferentes manifestaciones del pensamiento histórico, político, económico, filosófico y religioso como parte de la literatura cubana de la etapa. Es cierto que esta prosa llamada reflexiva –acaso precisamente por su naturaliza no literaria- tuvo una extraordinaria importancia para los inicios del proceso de formación de una conciencia nacional, porque a través de sus contenidos se muestran las problemáticas esenciales de nuestra historia. Sin embargo, la expresión de esos contenidos no está exenta de ciertos rasgos literarios significativos, toda vez que la inexistencia de la narrativa y la pobreza de nuestra literatura dramática, así como el desarrollo y el prestigio alcanzado durante el siglo XVIII por el ensayo y la oratoria, y en general por una prosa crítica, ilustrada y didascálica, debieron estimular la acentuación de la proporción expresiva de la prosa como un medio de garantizar su efectividad ideológica. Pero incluso cabe preguntarse si aquella prosa reflexiva no cumplió entonces una función literaria, aunque fuera subordinada a otras funciones, y si aquella prosa no era reconocida como literatura y no era recepcionada estéticamente.”

La ideología y la estética estuvieron significativamente vinculadas en el devenir de la nación; resultan notables los nexos entre romanticismo e independentismo, sobre todo si se tiene en cuenta que los presupuestos de mesura, equilibrio, armonía, propios de la escuela neoclásica que precedió a la corriente romántica, se avenían mal con el ímpetu reformador y libertario.

Los siglos de colonización acarrearon asimismo cierto retraso estético e ideológico con respecto al renacimiento de la cultura en Europa, lo cual se patentiza en el vacío existente en nuestras letras en la misma etapa en que se gestaron grandes obras de la literatura española, por lo que las manifestaciones y géneros de la literatura no se hallaban totalmente diferenciados en el país, al tiempo que la disyunción entre arte y ciencia no era tan precisa en materia de lenguaje, todo ello explica el valor literario de nuestras primeras piezas científicas, políticas e historiográficas.

A través de la obra de los principales pensadores actuantes en el escenario intelectual de finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, se puede rastrear la evolución del pensamiento de la sociedad sobre sí, desde el tímido reformismo hasta el independentismo más radical, además de los cambios de signo estético del cual la prosa a veces trataba de desligarse, pero que quedaba entre líneas, más patente ya con la relación apuntada entre romanticismo e independentismo, que aportarían un inusual lirismo a nuestras epopeyas históricas.