2.3.2 Ramón de Palma (1812 – 1860), “Una pascua en San Marcos”

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Este relato fue publicado en la revista habanera “El álbum”, en 1838, ya con el mismo la narrativa cubana adquiere faz propia tanto en cuanto a organicidad, a pesar de deficiencias formales -inusual extensión de los diálogos, problemas en el manejo de los planos temporales, función hipertrofiada del narrador, que denotan la inmadurez asociada el cultivo del género en la Isla- como en lo que respecta a las locaciones y personajes asociados a la historia.

El argumento se centra en el drama de la seducción y olvido posterior de una señorita de clase más bien media, Aurora, por parte de un Don Juan más tropical, Claudio, quien representa el tipo de hijo de burgueses aficionado al ocio que degenera en vicio, las mujeres y sobre todo el juego. Después de seducir a Aurora, este se prenda de Rosa Mirabel, quien está casada pero llega a los lindes de la infidelidad, detenida solo por la furia de Aurora que los sorprende en un paraje apartado de los campos de San Marcos, a punto de dar rienda suelta a sus pasiones.

En este lance, Rosa huye y Claudio contiene los gritos de Aurora, que amenazan con crearle una situación harto embarazosa, a causa de la fuerza aplicada por Claudio Aurora desfallece y el huye dándola por muerta. Ella sobrevive y se recupera después de un período de convalecencia, en el cual Claudio padece remordimientos, sumado a los temores de que se descubra su implicación en los hechos y llega a estar dispuesto a consentir en el matrimonio, lo cual efectúan finalmente pero aún así terminan separándose años después y el protagonista muere enfermo, pobre y vicioso.

El texto, con una franca intención moralizante, suscitó polémicas y recibió acerbas críticas por el retrato crudo del rufián, representante de un tipo emergido de una clase social que se defendía contra sus propias miserias, y sobre todo de los personajes femeninos, ninguno de los cuales se atenía al ideal de virtud que se pretendía inculcar a toda costa a las señoritas de entonces.

Asimismo, la crítica más contemporánea y aun en su tiempo se le señaló obviar de todo punto el tema de la esclavitud, presentando solo la cúspide de la sociedad. En la obra aparecen de soslayo, muy de fondo, dos o tres personajes negros, pero la ausencia de sus contradicciones puede hacer pensar en una falsa preponderancia blanca.

Ambrosio Fornet refiere sobre la obra: “Pese a su inexperiencia, Palma se las arregló para sazonar el fatigado esquema del Seductor y la Víctima con todos los ingredientes del género: los cínicos requiebros del libertino, la astuta ingenuidad de la alcahueta, el tormento de la doncella mancillada, el pasmo de los sucesos asombrosos, la previsible moraleja… En una secuencia como la del caballo desbocado, el ojo moderno cree percibir, inclusive, la estructura y el ritmo de las películas del oeste. Pero Palma escribía para otro público y no tuvo en cuenta sus escasos niveles de toleranciasobre todo en lo concerniente a la institución del matrimonio y la conducta de la mujer”

Cabría preguntarse si el autor tuvo o no alguna conciencia de la polémica que podría suscitar el texto y de los detractores que tendrían las pinceladas realistas con que dibujó a los personajes, aun sin profundizar en ninguno de los caracteres y dentro del auge de la narrativa romántica, a la cual hace algunas concesiones. Es innegable el valor literario intrínseco de la obra, con la cual la narrativa adquiere real calado estético y capta tópicos vernáculos.