2.3.5 El surgimiento de la novela como género en el siglo XIX

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La novela como género, inserta dentro de la narrativa y aun asociada al cuento, el relato, la anécdota, y otras modalidades de la prosa narrativa que se irá complejizando progresivamente, no surge en Cuba sino muy tardíamente, entre el lapso aproximado de 1830 – 1840. A la par que surgía el fenómeno y adquiría cuerpo en algunas piezas de carácter más bien mediocre pero de indudable valor fundacional, comenzaron asimismo a proliferar textos que tomaban como objeto de estudio el naciente fenómeno, en un intento por descifrar sus claves y pulsar los instrumentos adecuados para crear literatura novelada.

Entre los estudiosos, se abre un interesante arco entre Domingo del Monte y Ramón de Palma, el primero de ellos interesado en la novela, pero desde una perspectiva exteriorista que trataba de descifrar las funciones que debía cumplir; en cambio Palma escribe ya como creador y los problemas que le ocupan están asociadas a los propios elementos narrativos, buscando una especie de panóptico teórico en el cual se pudieran visualizar todos los intersticios del género.

La novela como género tiene anclajes en la realidad, sin embargo esta es mutada y transformada en sustancia literaria, a la vez que esta sustancia imita con moldes más o menos fieles la propia realidad ya digerida, le ofrece una copia de sí misma, que constituye un modo de lo posible, y entonces se habla de la verosimilitud, que alude a un parecido sorprendente con la realidad, aun cuando la novela eche mano de recursos de ficción para iniciar o desarrollar sus zonas argumentales.

Algunos autores refieren que la Isla fue ganando en variedad y hasta abigarramiento, pudiera decirse que se hicieron más complejos los tipos de caracteres humanos y los modos de relaciones sociales, a la par que cierto desarrollo económico, aunque totalmente desigual en cuanto se trataba de una sociedad escindida en clases, configuraban un ámbito del cual podría nutrirse la novelística.

Sobre este contexto social en que emergen los primeros gérmenes de la novela, Antón Arrufat afirma: “Situados en la década del treinta, en los años en que nace la novela cubana, ¿tal medio podía nutrir una novelística que aspiraba, orgullosa de su función, a ser un animado panorama de todas las clases de la sociedad y todos los ramos del saber humano, a ser una representación luminosa de la vida? Sin duda, la novela surge en un momento determinado y no en otro, porque en ese momento la vida había alcanzado cierta densidad. Desde el siglo XVIII, la vida cubana se había ido haciendo más densa progresivamente. Tan densa como para permitir el nacimiento de una novelística”

Valga considerar, o intuir, que la poesía es un arte más bien introspectivo, cuyos resortes el poeta extrae de sí, sin que el mundo exterior tenga tal relevancia sino a través de su propia subjetividad. La novela en cambio requiere este universo exterior rico en contenidos y actuaciones, del cual el autor extrae argumentos y personajes, por más que estos sean transmutados para determinados fines literarios.

Aunque proliferaron algunos intentos, muchos de los cuales se pudieran reseñar y constituyen, sino piezas relevantes de la literatura, testimonio tan necesario de la vida de la colonia, inaccesible desde el hoy; pero no es hasta la publicación de Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, en 1839, que puede hablarse en Cuba de verdadera novelística. El género permitiría plasmar tanto la situación social derivada del dominio colonial como los anhelos más caros a los cubanos, en una sana interacción entre lo deseado y lo existente, que progresivamente otorgaría una faz distintiva a la novela nacional.