2.4 Desarrollo del artículo costumbrista en el período de 1790 – 1868

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En el diccionario de la literatura cubana aparece la siguiente definición: “El término costumbrismo designa aquella forma de la literatura realista, característica de la burguesía en ascenso, que se preocupa por retratar y describir los tipos representativos de esa misma clase y sociedad. En todas lo etapas y géneros de la literatura se han dado eventuales descripciones de costumbres, de modos de existencia colectiva y de personajes representativos de las diversas clases sociales. (…) Pero el costumbrismo, como género, como forma peculiar de expresión literaria con caracteres propios, no aparecerá sino con el auge de la burguesía.”

La descripción de algunas costumbres ha estado en la génesis de la literatura nacional; pero precisamente no adquiere cuerpo sino en la progresiva diferenciación de los criollos y la formación de la clase social de la burguesía. Más que género, es un hálito que recorre casi todos los géneros, inserta de modo especial en la narrativa y específicamente en la novela.

Narradores y poetas reconocidos cultivaron como género independiente el artículo de costumbres, como el propio Manuel de Zequeira, cuyos textos usualmente aparecían en el Papel Periódico, las descripciones costumbristas entrecruzan asimismo su producción poética, están presentes aunque no como propósito definido desde la obra de Silvestre de Balboa, “Espejo de Paciencia” por lo que puede apreciarse la larga estadía de gérmenes costumbristas en nuestra producción literaria.

Las “Escenas cotidianas”, de Gaspar Betancourt Cisneros, publicadas en 1840, constituyen también un momento importante del costumbrismo; así como los artículos de José María de Cárdenas y Rodríguez de 1847, que merecen consideración aparte. Anselmo Suárez y Romero se vuelca en el mismo tanto en su novela “Francisco” como en textos de este matiz publicados en la prensa. En el ámbito de la novela destacan textos estudiados de forma independiente como la primera Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, y en sentido general casi todos los títulos que se publicaron rozaban o se inscribían definidamente en el costumbrismo.

Antonio Bachiller y Morales también publica artículos de costumbres; pero desde un óptica más bien científica que no solo busca mostrar meros tipos sino desentrañar el trasfondo y las realidades que les dan lugar, esta actitud tendría seguidores en todo lo que resta de la etapa colonial e incluso después.
Las antologías de artículos muestran una clara intención de diferenciación, la cual se obtiene precisamente con una voz nacional que acentúa a través de la lengua la tipicidad de lo cubano. La primera de ellas, que remeda el título de otras que aparecieron en Europa, fue “Los cubanos pintados por sí mismos”, publicada en 1852, recibió algunas críticas desfavorables, como la de Idelfonso Estrada y Zenea; pero ello no aminora su valor como colección primigenia cuya sola existencia contribuyó a realzar el costumbrismo como forma social y artística de la escritura.

Resulta curioso que esta compilación fuera editada por un español, Blas San Millan, quien expresa en su introducción: “«Las naciones son como los individuos; el menor sarcasmo extranjero hiere agudamente nuestra nacionalidad, y no perdonamos a los que no nacieron en nuestro suelo, que con verdad o sin ella nos zahieran, ni aun siquiera que nos aconsejen (…) Los cubanos han querido también pintarse a sí mismos y (…) tanto en bien como en mal, manifestar lo que valen: su intento no es formar caricaturas, sino retratos de tipos dados y exactos, no individualidades, sino fenómenos generales de la población y de sus costumbres en cada clase…”

Esta colección tendría continuidad en la etapa bélica; cuando ya las luchas independentistas en cierto modo habían caldeado el ánimo colectivo y el cubano estaba en proceso de transmutación como parte del ser nacional.