3.1.4 La obra poética de Julián del Casal (1863 – 1893)

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Julián del Casal ha sido unos de los poetas más significativos del modernismo latinoamericano, comenzó a incursionar en la poesía en la última década de su vida, ciertamente muy breve, se incorporó también al periodismo y participó en los espacios de intercambio cultural y literario que existían en la época, dígase las tertulias, que atraían a las mejores voces del momento, de lo más encumbrado de la sociedad. Publicó versos en diversas revistas habaneras, llegando a ser redactor de “La Habana elegante”, lo cual coadyuvó a su formación como escritor.

En 1890 publica “Hojas al viento”, poemario que trasluce la influencia de Rubén Darío y de poetas franceses cuyas obras había conocido en intercambios con otros jóvenes que compartían su vocación lírica. En esta obra aparecen ya atisbos modernistas; pero sin desprenderse definitivamente de la retórica romántica ni concretar un estilo propio. Sin embargo, ya en fecha tan temprana como 1885, había publicado un poema titulado “Mis amores”, de filiación modernista.

Sin perder el matiz romántico, Casal fue despojando su poética de idealizaciones, incluso ante la muerte muestra una actitud descarnada, de un pesimismo y una concepción trágica y fatalista de sorprendente hondura sentimental, sin por ello perder la mesura expresiva. Los símbolos metafóricos se identifican fácilmente con el modernismo, el cuidado formal, la plasticidad del lenguaje y el cultivo exacerbado de los detalles en muchas de sus piezas lo asocian también al parnasianismo.

En la obra poética de Casal salta hacia el lector el hastío de la vida y una atracción por la muerte que ha sido tema de estudio entre sus exégetas; sin embargo esta actitud no fue del todo auténtica y si influenciada por sus lecturas y por la propia cultura epocal. Lo que sí parece un asidero de mayor certeza es la enajenación, o más bien la tendencia a escapar de una realidad deformante, ya sea a través del arte o en última instancia de la muerte.

Las descripciones de la naturaleza no fueron eludidas por Casal, sin embargo en puridad no fue descriptivo ni expresó sus sentimientos a través de cambios de paisaje o vaivenes del clima; sino que más bien sustituyó los elementos naturales por su propia concepción mental respecto a la naturaleza. En el campo de la religiosidad se aprecia su temprano escepticismo y como ello lo llevaría a un desarraigo espiritual en el que las indagaciones quedarían sin respuestas o con respuestas que incrementaban la atormentada incertidumbre.

Resulta significativo que las selecciones de la obra poética de Casal en ocasiones disten mucho, muy condicionadas por la estética reinante al momento de efectuarse la selección. Muchos antólogos coinciden en el poema “Nihilismo”, del que se ofrecen algunas estrofas:

“Voz inefable que a mi estancia llega
en medio de las sombras de la noche,
por arrastrarme hacia la vida brega
con las dulces cadencias del reproche.

Yo la escucho vibrar en mis oídos,
como al pie de olorosa enredadera
los gorjeos que salen de los nidos
indiferente escucha herida fiera.
(…)
Ansias de aniquilarme solo siento
o de vivir en mi eternal pobreza
con mi fiel compañero, el descontento,
y mi pálida novia, la tristeza.”

La obra poética de Casal ha influido notablemente el cultivo de la poesía en etapas posteriores y ha sido por ello abordada en sus diversas aristas. En 1999 se publicaron algunos de los estudios de mayor trascendencia bajo el título de “El sol en la nieve: Julián del Casal”, en el cual aparecen además poemas que le ofrendaran José Lezama Lima y Raúl Hernández Novás.

La “Oda a Julián del Casal” de Lezama, publicada en el centenario del poeta, amén del típico hermetismo lezamiano, trasluce que el poeta y sus metáforas figuraron con fuerza en su universo poético. El poema culmina con estos versos (nótese que la expresión ansias de aniquilarme solo siento, pertenece al poema citado “Nihilismo” con lo que se incrementan los nexos intertextuales):

“La muerte de Baudelaire, balbuceando
incesantemente: Sagrado nombre, sagrado nombre,
tiene la misma calidad de tu muerte,
pues habiendo vivido como un delfín muerto de sueño,
alcanzaste a morir muerto de risa.
Tu muerte podía haber influenciado a Baudelaire.
Aquel que entre nosotros dijo:
ansias de aniquilarme solo siento,
fue tapado por la risa como una lava.
En esas rutinas, cubierto por la muerte,
ahora reaparece el cigarrillo que entre tus dedos se quemaba,
la chispa con la que descendiste
al lento oscuro de la terraza helada.
Permitid que se vuelva, ya nos mira,
qué compañía la chispa errante de su errante verde,
mitad ciruelo y mitad piña laqueada por la frente”