3.1.8 Voces femeninas de la poesía cubana entre 1868 y 1898

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La poesía y en sentido general la literatura femenina tuvo que recorrer un largo camino para quebrar los cánones patriarcales imperantes en la sociedad, debe tomarse como punto de partida las composiciones que se le atribuyen a la Marquesa Jústiz de Santa Ana en protesta contra la actitud de las autoridades españolas ante la Toma de la Habana por los Ingleses, no tanto por valores estéticos per se como por el desafío intrínseco a la organización social fomentada por los hombres.

Gertrudis Gómez de Avellaneda constituyó sin dudas la más radical de las mujeres cubanas tanto en su lírica como en su vida particular, en ambos sentidos se insubordinó a los criterios vigentes y a la postre logró el reconocimiento social. Luisa Pérez de Zambrana también se destacó en la lírica pero más próxima al ideal del comportamiento femenino para la época.

Estas poetisas fueron precursores del cultivo femenino de la poesía, el cual se fue acrecentando y adquiriendo mayor definición en el panorama literario, llaman la atención los versos de Mercedes Matamoros, dotados de un eros inusual que constituía un desacato a los recatos que se le habían inoculado a su sexo, etapa en que la “sumisión” era considerada una virtud. Esta autora se inscribe ya en el modernismo.

Sobre la influencia de esta corriente en la lírica femenina, Mirta Yáñez refiere: “En las décadas finiseculares, el espacio literario estaba ya bien abonado para la aparición del movimiento modernista. Las proposiciones estéticas del romanticismo se mostraban agotadas y la crisis tocaba ya, con aleteo de cisnes y plañideras princesas, a sus portones. (…) En el caso de las poetisas modernistas, la poesía de corte intimista fue la alternativa casi exclusiva de las mujeres dedicadas a las bellas letras. La más notable de las poetisas modernistas fue Juana Borrero, prematuramente desaparecida. También deben mencionarse a Mercedes Matamoros y Nieves Xenes.”

Juana Borrero constituyó una de las voces más auténticas en la lírica de la etapa, concretamente en el primer lustro de la última década del siglo XIX; aunque se caracterizó por una femineidad filtrada por las concepciones al uso y la impronta modernista devino en ella anhelo obsesivo de pureza.

Además de Juana Borrero, Mercedes Matamoros y Nieves Xenes, caben mencionarse las obras de Dulce María Borrero (hermana de Juana Borrero), Aurelia Castillo y Catalina Rodríguez de Morales.

Algunas de estas poetisas se abordarán en acápites independientes, otras no legaron una obra muy prolífica pero aún así sus versos merecen reseñarse, del poema “El canto de la mendiga”, de la autoría de Catalina Rodríguez de Morales, se transcriben las últimas estrofas, ilustrativas de la situación social de la mujer pobre en la etapa colonial y como ello impactó a nuestra lírica, a pesar de la aparente falta de aprehensiones sociales que caracterizaba al movimiento modernista :

“También yo un tiempo tuve mi frente despejada,
Los ojos seductores, las manos de marfil,
Y alguno en mí fijando fogoso su mirada
De amor arrebatado, puesto a mis pies le vi.

Y ahora ya perdidos mis frescos arreboles
Y en ánima rendida de pena y de dolor,
Sin paz y sin consuelo, sin juventud ni amores,
imploro sollozando la ajena compasión.

Tormentos insufribles me acosan inhumanos.
Sin pan está mi mesa, sin lumbre está mi hogar:
Piedad de mis tormentos. ¿Sabéis lo que es, hermanos,
Pedir de puerta en puerta con lágrimas el pan?”