3.2.7.1 “Don Aniceto el tendero” y “Mi tío el empleado”, de Ramón Meza (1861 – 1911)

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“Don Aniceto el tendero”(1889) y “Mi tío el empleado”(1887) constituyen respectivamente la antepenúltima y la penúltima de las piezas narrativas de Meza, presentan algunas afinidades temáticas y recorren la misma línea estilística, aunque esta no resulta dada y estática en la trayectoria literaria del autor. La inversión en el orden cronológico obedece a que la novela “Don Aniceto el tendero” fue redactada primero, aunque salió a la luz pública dos años después de publicada la obra maestra de Meza.

El personaje de Aniceto encarna la sempiterna ambición de los hombres; pero no como un tipo humano abstracto sino que el personaje es contextualizado en la Cuba que se abría al capitalismo; de hecho la palabra “capital” se reitera en diversos pasajes, como una constante en el comportamiento del personaje, que considera este “la clave de la vida”.

La tienda de Aniceto es bautizada con el nombre de “La moralidad comercial”, este y el personaje de Salustiano son peninsulares que aspiran a hacer fortuna; pero anteponen a ese objetivo múltiples consideraciones de índole moral. El autor maneja con soltura recursos simbólicos para apuntar esta y otras realidades, como en el caso del letrero con el nombre de la tienda, cuyas letras se borran o mueven por efecto del viento, indicando la endeblez de los principios. Incluso Aniceto sacrifica el amor al entregarle la mano de su hija a Salustiano, con la mente siempre puesta en potenciales dividendos.

“Mi tío el empleado” es la novela de Meza que ha tenido más éxito de público, a la vez que su obra cumbre y una de las más importantes del siglo XIX cubano, aunque fue malentendida por la crítica de su tiempo e incluso de etapas posteriores.

El personaje protagónico, Vicente Cuevas, es un emigrante que busca hacer fortuna en la Isla, similar al anclaje inicial de Don Aniceto, las sensaciones de este al recorrer la Isla son descritas de modo impresionista, enfatizando como en un acercamiento de cámara elementos secundarios y detalles que cobran cuerpo simbólico. El aturdimiento, a veces anonado, del personaje, se traduce en una hilaridad contagiosa que desconcierta.

En la segunda parte de la novela Vicente Cuevas reaparece como el Conde Coveo, su nueva posición le permite ser recibido de otra manera en las mismas locaciones, ya transmutado en su propia percepción y la de los demás; sin embargo no puede conjurar el vacío, la abulia y la soledad. El realismo de Meza, su propia hilaridad pantagruélica, resulta hiriente en tanto espejo de la sociedad, con lo que implica la división en clases.

La imposibilidad espiritual del amor se expresa en la frivolidad de las relaciones del Conde Coveo con Clotilde, ya en una atmósfera artificiosa donde nada es real sino remedo o reminiscencia de lo que alguna vez tuviera esencia, como su antiguo amor por Aurora, que parece redivivo pero el personaje es prisionero voluntario de la falacia del lujo y la ostentación. Ambas obras recrean, a partir de un amplio espectro de recursos narrativos, el arribismo y su sinsentido.