3.3.6 La oratoria política de Rafael Montoro (1852 – 1893) y el discurso autonomista

295 0
3.3.6

Rafael Montoro fue la figura descollante de una prédica que se inició tras el fracaso del Zanjón y que tenía como miras la concepción de una serie de reformas y la instauración de un gobierno autonómico, sus filas incluían un espectro político en el que también tenían cabida solapada las aspiraciones independentistas. Otras figuras fueron Antonio Govín, Rafael Fernández de Castro, Eliseo Giberga, José Antonio Cortina y Miguel Figueroa.

Desde 1864 había partido de Cuba por razones de salud, residiendo el Inglaterra, Francia, Estados Unidos y en España en la década de 1868 – 1768. Entre sus mentores figuran Juan Clemente Zenea, Enrique Piñeyro y Antonio Zambrana. A su regreso a Cuba se incorporó a las filas autonomistas, de cuya doctrina filosófica fue fundador, serviría al partido durante casi 20 años, en la prensa y a través de sus discursos

Además de sus actividades políticas, se desempeñó como jurista y se interesó por distintos géneros literarios y su socialización en las veladas de la Revista de Cuba, La Caridad del Cerro y el Liceo de Guanabacoa. Se abocó tanto a la creación literaria como a asuntos teóricos y estéticos inherentes a la literatura. Durante su estancia en España se nutrió de las mejores prácticas oratorias castellanas, cuyas reminiscencias son inteligibles en algunas de sus piezas.

Su sintaxis se caracterizó por la sencillez bastante desprovista de figuras retóricas y una ilación argumental infalible, con toques efectistas muy sutiles y un discurso cuidadosamente armado según el auditorio al cual se dirigiera. Cuando resultaba necesario, podía dedicar algún ditirambo a mártires independentistas; pero consecuente con su origen social, desalentaba la violencia revolucionaria como solución a los males implantados por el colonialismo.

Su labor política y literaria se adecuó perfectamente al contexto republicano, a partir de 1902 ocupó distintos cargos públicos, llegando a ser Secretario de Estado del gobierno de Alfredo Zayas. Entre sus actividades en el ámbito literario estuvo el hecho de haber dirigido los Anales de la Academia Nacional de Artes y Letras y los textos que publicó en periódicos de la época: El palenque literario, El fígaro, Revista cubana, La Habana literaria, Cuba y América, El comercio, Diario de la Marina, Letras, La discusión, Revista Cuba contemporánea y otros. Asimismo, incursionó en la crítica literaria y en investigaciones históricas.