3.4.2 La prosa política de Rafael María Merchán (1844 – 1905)

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Rafael María Merchán nació en la Ciudad de Matanzas, su padre era de origen colombiano y tributaría a ambas tierras desde el punto de vista literario y patriótico. Se desempeñó como tipógrafo del periódico manzanillero “El eco” y también como cajista, en su juventud se interesó por la carrera eclesial pero desistió de ello después de haber ingresado al Seminario de Santiago de Cuba. Su vocación por las letras fue una constante durante casi toda su vida, estimulada desde que comenzó a trabajar como tipógrafo.

Impartió clases en el colegio Santo Tomás, de la Habana, en este sentido defendería la necesidad de suprimir el castigo corporal y sentaría algunos preceptos de las prácticas pedagógicas cubanas; todo ello en artículos de prensa. El periodismo fue para él no solo espacio de expresión de sus concepciones con respecto a la educación; sino sobre todo un medio de transmitir sus ideas políticas, de una naturaleza marcadamente separatista que le acarrearía dificultades con las autoridades españolas.

En la etapa inicial de su labor política, publicó textos en los periódicos “El siglo”, “La opinión” y “El país”, en este último, bajo el titular de “Laboremus”, publicó el 15 de noviembre de 1868 un artículo que incita a la lucha contra el régimen colonial, ello a partir de un lenguaje alegórico y el manejo de referencias culturales que permitieran eludir la censura, donde hábilmente sustituye “lucha” por trabajo, esfuerzo, sacrificios, dando la impresión de que se refiere al progreso y no a la libertad como fin. Se reproduce un breve fragmento:

“De lo que estamos seguros es de que la civilización no se consigue sino a fuerza de trabajo, de abnegación y sacrificio, y que el progreso humano no puede realizarse sino resignándonos a pasar por las pruebas del sufrimiento. Todos esos nombres que han quedado sobrenadando después del naufragio de las generaciones pasadas, para recibir de la posteridad la gratitud que les negaron sus contemporáneos, nos demuestran demasiado a las claras la evidencia de esta verdad: No hay progreso sin fatiga, sin lucha no hay victoria… No podemos convidar a nadie más que para una mesa de dolor, a la que hemos de acercarnos de pie, con el bordón en la mano, y puestas las sandalias como el pueblo escogido al celebrar la Pascua en los días de su peregrinación hacia la tierra prometida. ¿Serán en número crecido los que vengan a compartir con nosotros la amarga levadura?”

A partir del texto, se adquirió la costumbre de llamar “laborantes”, a quienes luchaban por la libertad de la Isla. A causa de su actividad periodística e insurreccional fue conminado a exiliarse en los Estados Unidos en el año de 1869, allí publica un artículo titulado “La revolución de Cuba”, que niega que los cubanos esperaran apoyo de los Estados Unidos en vez de luchar con las armas propias.

Después de haber residido un tiempo en Colombia, regresa a Cuba tras firmarse el Pacto del Zanjón y se incorpora a las “huestes” autonomistas; aunque por una cuestión coyuntural, afirmando siempre que se incorporaría a la lucha en cuanto se desatara otro movimiento insurreccional. Al iniciarse la contienda de 1895, redactó una serie de artículos que vieron la luz en el Correo Nacional de Bogotá, los cuales fueron después compilados en un libro bajo el título de “Cuba, justificación de su guerra de independencia”, que constituyó una documentada acusación contra el colonialismo y de defensa de la justeza de la causa cubana.