3.4.6 La trayectoria periodística, vinculada a la política, de Juan Gualberto Gómez (1854 – 1933)

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Juan Gualberto Gómez trascendió su época por ser uno de los primeros hombres negros en defender su raza desde la alta cultura, este fin y el anhelo independentista constituirían dos constantes de su obra periodística y literaria.

De padres esclavos, resulta inusual el reconocimiento social que le atraería su desempeño como conspirador y escritor en la etapa colonial y el hecho de haber ocupado cargos públicos de relieve en la República, como miembro de la Asamblea Constituyente, y después representante a la Cámara y Senador, desde los cuales asumiría siempre una postura de defensa de la soberanía nacional.

Su desempeño como periodista se inicia en París -ciudad a la que había ido a radicarse en 1869 para aprender el oficio de carpintero y dónde cursó la propedéutica de ingeniería, sin poder concluir estos estudios a causa de problemas económicos- con sus colaboraciones en la Revue et Gazette des Théâtres y sus actividades como corresponsal de periódicos de Bruselas y Ginebra.

Sus artículos giraron en torno al tópico de la política francesa; pero la propia ampliación de su entramado cultural en aquel país, le permitiría valorar más acertadamente la problemática cubana y convertirse en partidario de la independencia.

Después de una breve estancia en México, regresa a Cuba tras el Pacto del Zanjón y estrecha una entrañable amistad con José Martí, a quien apoyaría en las actividades conspirativas previas a la Guerra Chiquita, ambos serían después deportados por esta causa.

Juan Gualberto arribaría finalmente a Madrid, donde reinicia su trabajo periodístico en “El progreso”, con una serie de artículos, publicados después en un volumen independiente bajo el título de “La cuestión de Cuba en 1884”, en que analiza la situación de la Isla y sus antecedentes históricos, el rejuego de los partidos políticos y termina apostando por la autonomía, sobre la base de amplias reformas y ante la desmotivación que percibía con respecto a una nueva gesta.

Ya en Cuba, publicó en 1890 un famoso artículo en el diario “La fraternidad”, titulado “Por qué somos separatistas”, meditado desde el punto de vista legal, pues, sin apelar a la violencia revolucionaria, defendía teóricamente la idea de que Cuba debía separarse de la metrópolis española; aún así fue hecho prisionero pero liberado después de apelar al Tribunal Supremo de España, antecedente que sería muy bien aprovechado para el despliegue de la campaña independentista previa a 1895.

Sus textos periodísticos fueron directos en su sentido político, dotados de un estilo diáfano y gramaticalmente correcto, ya en la república adoptarían nuevamente el tono de combate al enfrentarse a la dictadura de Gerardo Machado. Al morir, dejó inéditas la obra, próxima al ensayo “Hombres de mi raza” y la novela “El rey de las carolinas”.