3.5.6 A pie y descalzo, publicada en 1890 por Ramón Roa (1844 – 1912)

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La labor conspirativa de Ramón Roa data aproximadamente de 1856, realmente muy joven, en su ciudad natal de las Villas, involucrado en actividades por las que sería conminado a exiliarse en los Estados Unidos. Combatió en las luchas liberadoras de República Dominicana y abogó asimismo por la independencia de Puerto Rico. Se incorporó a las tropas mambisas poco después del Alzamiento de la Demajagua, codeándose con los principales artífices del empeño bélico.

“A pie y descalzo” fue una de las obras más controversiales de su tiempo, por la crudeza con que narra los hechos de la Guerra de los Diez Años y el desaliento que transpiran sus páginas. A pesar de la buena voluntad del autor, careció de visión política al menos en cuanto a la selección del momento en que la obra debería ver la luz pública.

Las acciones transcurren entre 1870 y 1871, en la obra el autor, sin alto vuelo literario pero si estricto apego a la verdad histórica, rompe con la idealización del fragor del combate y presenta el auténtico cuadro de miseria, temor, deserciones, fusilamientos y truculentas muertes en combate, desde un estado anímico de todo punto negativo y que denota cierta voluntad de evadirse de las circunstancias, por otra parte de una mayor humanidad que la presente en otros textos, de héroes arquetípicos.

Para contribuir a la autenticidad testimonial el autor reproduce los registros lingüísticos de las capas del campesinado cubano y de los tipos humanos con que se relacionaba a medida que se desarrollaban los acontecimientos, pero prevalece una sensación de desaliento muy nociva a la gestación de un nuevo intento bélico.

Las acerbas críticas que José Martí hiciera de la obra le acarrearon una compleja polémica, de subido tono, con Enrique Collazo, en la que también participaron otros antiguos luchadores, hombres e intelectuales que se aprestaban a tomar nuevamente las armas en cuanto hubiese oportunidad.

No debe sin embargo dudarse del patriotismo de Ramón Roa, quien por otra parte desplegó en sus versos un lirismo comprometido que desdice de la actitud de aguafiestas que algunos le atribuyeron, como connotan estos versos de su poema “La carga”:

“! A la carga! es la voz ronca y atronante
Difúndese en las filas del bélico escuadrón,
¡A ellos! a la carga! arriba! y adelante!,
Se sigue repitiendo en alto diapasón.
(…)
Prolóngase la lucha y espesas se levantan
Nubes de humo y polvo en medio del fragor;
El ruido va cesando… y al hombre no lo espantan
Los cráneos divididos por filo destructor.
(…)
Por eso los valientes que él lleva a la victoria,
Que ven las cicatrices que el bravo tiene ya,
Le miran de la patria cual página de gloria
Que de uno a otro siglo la fama llevará.”