3.7.13 La crítica literaria de Emilio Bobadilla (1862 – 1921), “Fray Candil”

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La llamada crítica satírica tuvo en Emilio Bobadilla su exponente principal dentro de la Isla, junto a Aniceto Valdivia. Se dedicó más al ejercicio de la crítica literaria propiamente que a teorizar al respecto, de hecho, sus trabajos adolecen de una sólida concepción teórica que fundamente las opiniones que emite, las cuales por lo general fueron incisivas y tendentes a detectar errores e insuficiencias, como manchas en la luz, más que a ofrecer una valoración general de los textos.

Bobadilla profesó ideas separatistas que lo llevaron a alejarse de la Isla y viajar largamente por Europa y América, en concordancia con las coyunturas coloniales más represivas. En Europa se imbuyó de los postulados positivistas y particularmente en España tuvo contacto con la crítica burlesca que imitaría en gran parte de su producción.

Dentro de esta, los textos que tuvieron mayor trascendencia, a pesar de lo arbitrario de sus juicios, fueron: “Reflejos de Fray Candil”, de 1886, “Escaramuzas”, de 1888, “Capirotazos”, 1890, “Triquitraque”, 1892, “Solfeo”, 193 y “Baturrillos”, de 1895, donde hace gala de una erudición que no sería realmente profunda y arremete contra piezas de numerosos autores.

Uno de sus escritos más superficialmente satíricos fue el que concibió como desmesurada respuesta a una crítica hecha por Enrique José Varona a su libro “Reflejos de Fray Candil”. El texto llevó el título de “Varona… o a lo que salga”, a quien llega a calificar como “dómine de antiparras y palmeta”. En la defensa de Varona salieron Manuel de la Cruz y Manuel Sanguily, ambos mesurados pero sin dejar de señalar la malsana osadía de Bobadilla y su falta de sobriedad en el análisis de los textos.

Más tarde volvería sobre la figura de Varona, por encargo del crítico José del Perojo, para la revista “Nuevo mundo”, esta vez le reconocería algunas virtudes pero sin dejar de arriesgar ciertas frases mordaces.

Llevó su actitud zahiriente al extremo de referirse acerbamente a las obras de los españoles Leopoldo Alas y Emilia Pardo Bazán, quienes lo habían ayudado a introducirse en las esferas literarias de la sociedad española. A pesar de estos sesgos, aun queda por realizar un estudio más profundo de su obra para determinar sus aciertos.

Pocos fueron los autores que escaparon de sus juicios condenatorios, entre los elegidos estuvo Juan Clemente Zenea, a quien dedicó incluso unos versos de tono elegíaco en 1897, centrados sobre todo a la tragicidad de la muerte del bardo pero donde inserta alguna valoración sobre su poética:

“Eras joven y artista,
Y tus jueces soldados
Sin piedad, sin ingenio y atrasados,
El hígado preñado de rencores,
Y entre tus compatriotas ¿quién había
Que como tú llorase sus dolores
En versos de tan honda poesía?”