3.7.17 Compilaciones y antologías de las letras cubanas entre 1868 y 1898

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En la etapa se concibieron varias antologías y compilaciones literarias, la mayor parte de ellas del ámbito de la poesía, que evidencian el desarrollo alcanzado por nuestras letras, en tanto existía ya suficiente diversidad y calidad de autores para demandar este tipo de selecciones. Un antecedente interesante del período que se reseña lo constituye el texto “Noches literarias”, de 1866, en que se recogen las mejores piezas de las tertulias que organizaba Nicolás Azcárate en su residencia de Guanabacoa.

En el propio año de 1868, se publicó por primera vez el texto “Álbum poético fotográfico de escritoras y poetisas cubanas” el cual constituye una iniciativa loable por su intención de difundir la lírica femenina cubana, normalmente relegada a un segundo plano, por la condición intelectual subalterna con que en sentido general se pensaba en la mujer dentro del entramado social.

La compilación fue emprendida por Domitila García de Coronado, como un acto espontáneo que no se basó en un proceso de revisión histórica y documental exhaustivo de nuestro arsenal poético; sin embargo si constituyó un acierto en cuanto a la reivindicación del género y en sucesivas ediciones se fue enriqueciendo con los aportes de otras poetisas. Luisa Pérez de Zambrana y Gertrudis Gómez de Avellaneda constituyeron como es lógico las voces más relevantes que se recogen en el texto.

En 1879 se publicaría “Arpas Amigas”, que incluyó poemas de Francisco y Antonio Sellén, Luis Victoriano Betancourt, Enrique José Varona, Diego Vicente Tejera, Esteban Borrero y José Varela Zequeira. El texto pretende dar a conocer el acontecer en materia de poesía, más que ofrecer valoraciones críticas concluyentes.

En 1881, Antonio López Prieto publica la compilación “Parnaso Cubano”, la cual sí constituye el resultado de una exquisita indagación histórico – literaria. La compilación propiamente se inaugura con la figura de Manuel de Zequeira (aunque de modo referencial alude a Espejo de Paciencia y los sonetos que preceden la composición) e incluye los principales poetas que vivieron entre el siglo XVIII y el XIX, en este sentido la obra peca más bien por exceso, al incluir voces menores que no tuvieron trascendencia ni para la contemporaneidad ni incluso para el universo poético decimonónico.

Además de otros textos compilatorios de semblanzas biográficas y artículos de costumbres, se publicaron selecciones poéticas que respondían más bien a criterios políticos, como fue el caso de la dada a conocer por Francisco Calcagno, bajo el título de “Poetas de color”, en 1878, en la que se recogen versos de Francisco Manzano y Plácido, entremezclados con la de versificadores de la raza negra, de inferior calidad estética. Aún así el intento es loable por su esencia reivindicativa.

De similar índole fue el libro prologado por José Martí y dado a la luz editorial en 1893, “Los Poetas de la Guerra”, en el cual, amén del objetivo de difundir piezas de algún valor literario, está la intención de elevar a alta categoría estética nuestra gesta independentista, a través de versos épicos y otros de un lírico heroísmo escrito con machete, inspirador para el magno empeño que Martí estaba ya organizando. En este texto se incluyeron piezas de Pedro Figueredo, Fernando Figueredo, Miguel Gerónimo Gutierrez y Ramón Roa,. entre otros.