3.7.4 El legado de Manuel Sanguily (1848 – 1925) a la crítica literaria cubana

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Manuel Sanguily se abocó a estudios diversos dentro de la propia crítica literaria, muchísimas veces en el marco de polémicas que alcanzaron un fuerte tono en la época y conllevaron conflictos personales; los textos de este tipo denotan su personalidad de analista exhaustivo, en ocasiones en el abordaje de temas no tan interesantes por su esencia pero sí por otras ideas adyacentes que plasma en los textos, como cuando se lanza a refutar una velada acusación de plagio que formulara Justo de Lara contra Enrique Piñeyro.

Dedica dos estudios al poeta Plácido, “Un improvisador cubano” y “Una opinión asendereada”, ambos de 1894, en los cuales plasma sin cortapisas sus criterios estéticos, lo cual suscitaría algunas malinterpretaciones cuyo curso no terminó del todo en el siglo XX.

Aunque asumió muchos postulados positivistas en cuanto al ideal de objetividad y cientificidad a que la crítica literaria debía aspirar, no por ello obliteró el papel de la personalidad del crítico y la intuición como propiciadora de la comunicación literaria y artística.

Con respecto a la comunicación, llegó a anticipar ideas sobre las diversas interpretaciones que podía suscitar una obra de arte, en este caso un libro, para un universo heterogéneo de lectores. Muchas de estas concepciones se expresan en la revista “Hojas literarias”, que dirigió y redactó casi en su totalidad entre 1893 y 1894.

Además de textos producidos en Cuba, con cuyos autores a veces tuvo intimidad personal a través de tertulias literarias e incluso actividades veladamente políticas, Sanguily se interesó por el universo literario circundante, por textos de León Tolstoi, Emile Zolá y otros autores que no alcanzaron tal trascendencia pero geográficamente más próximos, como el mexicano Andrés Clemente Vázquez, cuya novela “Enriqueta Faber” motivó el escrito de Sanguily, “Historia de una mujer escandalosa”.

Manuel Sanguily propugnaba una encomiable sinceridad intelectual, que le llevó a emitir juicios no muy convenientes sobre personalidades y hechos, pero su posición política siempre fue de avanzada, lo cual se manifestó asimismo en sus apreciaciones sobre literatura y los juicios críticos específicos que emitió con respecto a la obra de muchos autores.