3.8.2 La obra poética de Mercedes Matamoros (1851 – 1906)

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Mercedes Matamoros utilizó el seudónimo de Ofelia para rubricar sus versos y fue bautizada por sus contemporáneos como “La alondra ciega”. Huérfana de madre desde la temprana niñez, recibió de su padre una educación esmerada, que incluyó el estudio de las principales lenguas del mundo. Escribió artículos costumbristas en las publicaciones “El Siglo”, “El Occidente”, “La Opinión”, “El Triunfo”, “El Almendares” y “Revista de Cuba”, entre otras; sus aportes fundamentales se asocian a la poesía, donde descuella el soneto “La muerte del esclavo”:

“Por hambre y sed y hondo pavor rendido,
Del monte enmarañado en la espesura,
Cayó por fin entre la sombra oscura
El miserable siervo perseguido.

Aún escucha a lo lejos el ladrido
Del mastín, olfateando en la llanura,
Y hasta en los brazos de la muerte dura
Del estallante látigo el chasquido.

Mas de su cuerpo de la masa yerta
No se alzará mi voz conmovedora
Para decirle: -¡Lázaro, despierta!-

¡Atleta del dolor, descansa al cabo!
Que el que vive en la muerte nunca llora,
Y más vale morir que ser esclavo.”

Este poema entronca con las mejores piezas narrativas y líricas dedicadas al tema de la esclavitud en la parte del siglo XIX anterior a las contiendas bélicas, su sensibilidad reflejó este y otros temas candentes, escribió un poema titulado “En la muerte de Martí” y otro a “Los reconcentrados” que además de sus valores literarios intrínsecos, presenta un interesante testimonio de este cruento episodio de la historia de Cuba.

El tema sensual, incluso de velado signo homo erótico, estuvo presente en su lírica y ello la sitúa en una posición de avanzada en la poesía femenina hispanoamericana. Su obra titulada “El último amor de Safo” significó un escándalo en su época, algunos versos resultan ilustrativos si se tiene en cuenta la emocionalidad epocal: “Mi cuerpo es hecho de azucena y rosa,/ ¡y en el mórbido seno se doblega/ lánguidamente el cuello como un lirio/ ¿Y aún hay quien diga que no soy hermosa?/ ¡Oh, ven! Y en este amor que a ti me entrega, / ¡tú serás el Placer y yo el Delirio!”

Su poética no se inscribe propiamente dentro de ninguna corriente, pero se mueve entre el clasicismo, romanticismo y modernismo, con voz propia que elude la mimesis. El erotismo incluso llega a sobrepasar el tono y los términos empleados por poetas masculinos, con una originalidad desprejuiciada que no siempre la lírica cubana femenina posterior ha visitado, patente en su poema “La bestia”

La autora no solo fue feminista en su lírica sino que expresó criterios muy válidos referidos en sentido general a la hipocresía de la moral sexual, que las señoritas violaban en sus lecturas y costumbres. Reivindicó la carnalidad vilipendiada por muchos poetas del modernismo, herederos de Casal no solo en cuanto a concepciones estéticas. Ella también se regodearía en cierta actitud pesimista y desarrollaría líneas ideotemáticas afines; pero sobre una poética de raigambre romántica. Ocuparía la vanguardia tanto desde el punto de vista político como lírico.

Sobre su sitio en la literatura cubana, Roberto Manzano refiere: “Entrando al fuego de la historia como al de la pasión individual, Mercedes Matamoros nos ofrece siempre una poesía auténtica. Aún ha de establecerse su definitiva jerarquía, pero ya existe abundante consenso de su grandeza, al menos entre los poetas y estudiosos que visitan asiduamente nuestra tradición. Se acendró con los años, y con los años fue cada vez más audaz. Sabía que todo mutaba, y su estro avanzaba en los entresijos múltiples de la sensibilidad. Al morir se encontraba en las puertas mismas de un mundo nuevo.”