4.1.1.10.7 “El ciruelo de Yuan Pei Fu”, de 1955, de Regino Pedroso

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Esta pieza poética de Regino Pedroso es de más compleja exégesis pues pareciera alejarse de los referentes nacionales en que construyó el contenido social de su poética, al plantear como fantasía creativa que estos versos constituían la supuesta traducción de unos manuscritos chinos que heredara de un remoto antepasado.

El libro ciertamente presenta un tono coloquial y algunos tópicos son abordados con cierta ironía; sin embargo en ellos el autor plasma una ternura quizás sin causa o no encausada, que hace de su postura crítica ante la realidad –vista a través de retazos evocados en el diálogo del Maestro Yuan Pei Fu con su discípulo- un afán de mejoramiento de lo humano, de honda filantropía, que cobra cuerpo lírico en el verso “!Cómo he tenido miedo que alguien sepa que acaso no soy más que un sentimental!”

El autor demuestra en estos versos no tanto erudición como asimilación en sus raíces gnoseológicas y sensitivas de la filosofía china, en su vertiente de vida y no de abstracta reflexión. El taoísmo, la doctrina de Confucio, y otros hallazgos filosóficos y morales de esta civilización, contribuyen al trazado de un panorama poético donde lo semántico y lo lírico se funden en un alto grado.

Regino Pedroso ha tratado de traer al espíritu nacional parte de esa milenaria cultura, pero donde el citado campo semántico rebasa lo asiático y lo que tienen de identidad cubana ensamblada, para incorporarse al fluir de los temas universales.

En este texto están menos presentes las urgencias sociales, en el sentido de impacto inmediato de las contingencias nacionales en el autor; sin embargo lo social resulta inteligible desde una preocupación más honda por lo humano y por conflictos no reductibles al concepto de la lucha de clases, con un tratamiento de la pobreza y la riqueza que remite al ámbito bíblico, más amplia en ese sentido aunque quizás menos precisa.

Aunque Regino Pedroso publicó otros textos tras el Triunfo de la Revolución, la esencia de su decir poético había quedado plasmada ya con un alto vuelo en la etapa republicana y dentro de ella “El ciruelo de Yuan Pei Fu” constituye una pieza insoslayable, de la cual se reproducen a modo de colofón algunos versos del emotivo poema “Yuan Pei Fu despide a su discípulo”:

“Y nada contra el cielo tu mano nunca arroje.
Nada tanto te inquiete que tu paz dulce amargue:
corrí, llamé, buqué, sueños forjé, grandezas…
Mas desnudo cual vine la gran sombra me espera.
Mientras más logra el hombre más parco se hace en dones:
nunca más rico se es que pobre de riquezas…

Y sé humilde, hijo mío, sin inútil orgullo;
la humildad da la dicha.
Sé como esas piedras de los ríos
que cantan al saltar en la corriente,
pulidas, lisas, llanas
de tanto naufragar, rodando siempre.

Y si barrera alta tu camino detiene,
nada intentes forzar, bordea la muralla;
nada derriba el hombre que después no levanta.
Y no preguntes, nada interrogues, discípulo;
nada responde a nada.”