4.1.1.13 La obra poética de María Villar Buceta (1899 – 1977)

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Las incursiones líricas de María Villar Buceta comenzaron cuando contaba solo 16 años de edad, con versos que publicó en “El Fígaro” y otros medios de la época, se dice incluso que la calidad de estos hizo suponer a los críticos literarios que se trataba de algún autor ya de renombre que se valía de un seudónimo.

Su obra fundamental fue concebida en el lustro de 1915 – 1920 y en la llamada “década crítica”, en este sentido tiene afinidades con lo que escribían en ese entonces Rubén Martínez Villena y José Z. Tallet. El modernismo de impronta rubendariana es más patente en ella, así como las reminiscencias del romanticismo epigonal de los primeros años republicanos.

Su poemario “Unanimismo”, fue publicado en 1927 y coincide en cuanto al tránsito desde el modernismo hacia una nueva estética, que no es todavía la vanguardia pero que en algún sentido la prefigura, en tanto está presente el desencanto vital y una ironía más matizada pero aún así emergente ante las circunstancias histórico – sociales.

La poetisa se debate entre un intimismo evasivo y la lucha contra estas circunstancias, lo cual estéticamente puede apreciarse en como plasma las fricciones entre modernismo y lo que pudiera llamarse un posmodernismo augurador de la vanguardia, en una etapa todavía sin derroteros definidos para la lírica.

El orden del libro, excepto por la precedencia del poema “Autorretrato”, indica esta lenta ascensión desde las fórmulas modernistas, hacia una nueva sensibilidad más acorde con los tiempos. Sus versos están impregnados de cierta espiritualidad, a veces de signo religioso pero también hacia el ahondamiento en su propio ser, más allá de las máscaras sociales:

“Yo siento que en mi alma hay algo
de la gran fuerza primitiva.
Ella no está contaminada
por el morbo de las ficticias
civilizaciones actuales,
y anda desnuda…”

Publicó sus versos y también textos en prosa en distintos periódicos y revistas, entre los que se pueden citar: “La Noche”, “Heraldo de Cuba”, “Bohemia”, “Social”, “Antenas”, “Cuba Contemporánea”, “Orígenes”, “Universidad de la Habana”, entre otros.

Su legado para la cultura cubana no reside solo en su obra literaria sino que también en cuanto a la promoción de la lectura y de las disciplinas vinculadas a la bibliotecología, en tanto laboró en la Biblioteca Nacional y contribuyó a conformar las colecciones de algunas bibliotecas privadas, fue además la primera profesora de Biblioteconomía.