4.1.1.14.2 “Sóngoro cosongo”, poemario publicado por Nicolás Guillén en 1931

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“Sóngoro cosongo”, frase que se repite en el estribillo de “Si tu supiera…” , uno de los poemas de “Motivos de son”, cuya estrofa final rezuma musicalidad (“!Sóngoro cosongo, / songo be;/ sóngoro cosongo/ de mamey; /sóngoro, la negra / baila bien;/ sóngoro de uno,/ sóngoro de tre./ Aé,/ bengan a be;/ aé / bamo pa be; / bengan, sóngoro cosongo, / sóngoro cosongo de mamey!”

En este poemario renuncia a parte de los recursos de su obra anterior, fundamentalmente las deformaciones prosódicas, ello para cultivar un lirismo más universal que no abandona sin embargo los hallazgos rítmicos precedentes pero se aboca a horizontes más amplios desde el punto de vista cultural.

La pieza inaugural de la obra contiene los siguientes versos:

“¡Aquí estamos
La palabra nos viene húmeda de los bosques,
y un sol enérgico nos amanece en las venas.
El puño es fuerte
y tiene el remo.
En el ojo profundo duermen palmeras
exorbitantes.
El grito se nos sale como una gota de oro virgen.

Nuestro pie,
duro y ancho,
aplasta el polvo de los caminos abandonados
y estrechos para nuestras filas.
Sabemos dónde nacen las aguas,
y las amamos porque empujaron nuestras
canoas bajo los cielos rojos”

Este constituye quizás el poema de más alto vuelo poético en torno a la llegada de los esclavos africanos a tierras cubanas –americanas en un sentido más amplio- donde el sujeto lírico asume una voz colectiva. Surgen sin embargo algunas dudas de si se trata realmente de esclavos o de aborígenes, dado el tono de mansedumbre aun no hollada por la prepotencia colonizadora; sin embargo quizás Guillén fomentó deliberadamente esta ambigüedad, para dejar en un primer plano solo el arribo impreciso a nuestras tierras, múltiple en su esencia.

En algunos de estos poemas predomina un ritmo más lento, próximo a la letanía mágico – religiosa de origen ancestral, no asociada únicamente al negro. A lo largo del poemario se insiste en el mestizaje como elemento configurador de lo cubano, por sobre la alusión directa a su vertiente negra, con un sentido integrador de lo que es pueblo, donde confluyen los emigrantes españoles de antaño, de escasos recursos.

Uno de los poemas más trascendentes del texto lo constituye “La canción del bongó”, en el cual enfatiza la integración racial y cultural en torno a un instrumento y en sentido general la magia convocadora de la percusión. Aparecen referencias de mestizaje, sincretismo cultural, todo aquello que confluía a la unidad concretada en la música, otorgándole una alta categoría estética a las manifestaciones musicales desde los arrabales cubanos:

“Esta es la canción del bongó:
-Aquí el que más fino sea,
responde si llamo yo.
Unos dicen; ahora mismo,
otros dicen: Allá voy.
Pero mi repique bronco,
pero mi profunda voz,
convoca al negro y al blanco,
que bailan el mismo son,
cueripardos y almiprietos
más de sangre que de sol,
pues quien por fuera no es noche,
por dentro ya oscureció
Aquí el que más fino sea,
responde, si llamo yo…”

En muchas de las piezas se expresa la pobreza cubana y dentro de ella la más desesperada del negro, una de estas la constituye “Pequeña oda a un negro boxeador cubano”, concebida como homenaje a Kid Chocolate, en la que denuncia la situación social que lo obliga a desempeñar este “deporte”, en aquellos tiempos de particular rudeza y espectáculo sanguinolento. Llega ya a verle el rostro al titiritero norteamericano que domeña los destinos del país.

Este poemario se nutre de las ganancias estéticas de “Motivos de son” e introduce otros aportes a la lírica cubana, entre ellos tonos americanistas y de sentido popular, junto a un cultivo de la forma en tanto profundiza en la concepción rítmica, mantiene las que pueden llamarse “jitanjáforas”, pero de impuro signo negrista. Guillén es cada vez más dueño de un sinnúmero de recursos retóricos, pero abocados siempre a la recepción popular, con el cual su poesía vuelve a los orígenes de la cual la extrajo con su peculiar afinamiento poético.