4.1.1.17.1 Primeras incursiones poéticas de Emilio Ballagas (1908 – 1954)

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4.1.1.17.1

Los primeros poemas de Emilio Ballagas datan de 1925, bajo el título “De hielo” y en ese mismo año escribió el poema “Despedida”, que el autor dedicara a su tía abuela Clara Varela, asociado al ocaso de la vida. Al final de esa década aparecen en la revista “Antenas”, de Camagüey, varios poemas de aliento vanguardista, aunque su incursión en esta corriente fue realmente epidérmica, para enseguida pasar al purismo y continuar su evolución poética también bajo otros signos.

Su primer poemario fue “Júbilo y fuga”, de 1931, en el cual muestra la fruición propia del purismo, desprovisto en este caso de intelectualizaciones y centrado en el goce de la palabra per se, fuera de contingencias espaciales y temporales. En cierto modo abandona sus circunstancias para llegar a una zona superior, donde solo existe lenguaje, sensación y espíritu.

Resalta además el alegre candor de Ballagas, su fruitiva aprehensión de la naturaleza aún sin los tirones de la carne, espiritualidad que le complacía en grado sumo y le hacía sentirse en comunión consigo mismo y con dios. Lo sensorial predomina pero espiritualizado, abocado sobre todo a la captación sublime de la belleza y la eterna estancia en sus aposentos ideales.

La actitud purista que se manifiesta en estos poemas implica una honda intimidad con la belleza, sin embargo el poeta necesita salir de sí, más que evadirse, viajar hacia la realidad, hacia el conocimiento y también hacia la naturaleza y deleitarse en sus múltiples dádivas para los sentidos, en definitiva expansionarse en la creación, carne de la carne del creador y una de las vías para acceder a la divinidad.

Además Ballagas requería romper el cerco de la moral imperante, volver al paraíso aunque solo ideal que no le niega dios sino los hombres; pero desde su cosmovisión católica todo ello le estaba vedado, prohibido además por una religiosidad que había acaparado a dios y desde la cual se dictaban preceptos absolutos.