4.1.1.17 La poética de Emilio Ballagas (1908 – 1954), homoerotismo y religiosidad

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La poesía de Emilio Ballagas transitó por diversos derroteros estéticos, se inició con una concepción purista de la poesía, nutrida de los aportes de vanguardia y de las síntesis poéticas de Mariano Brull, lo cual se aprecia en el empleo de la jitanjáfora y de una deleitación cuasi sensorial en lo lexical.

El núcleo generador de su poesía está dado en gran medida sus impulsos carnales y espirituales de signo homoerótico, de los cuales el poeta cobraría paulatina conciencia hasta llegar a declararlos en sus versos desde un sentimiento agónico que plasmaría con maestría singular, en dos de los poemas más importantes de la tradición lírica nacional: “Elegía sin nombre” y “Nocturno y elegía”.

El antagonismo entre esta inclinación sexual y la fe religiosa del poeta, arraigada en el catolicismo secular, fecunda no toda pero si la zona más trascendente de su lírica, a lo cual se suma el propio desprecio social que tuvo que padecer. La vulnerabilidad emocional de Ballagas, su inherente emotividad, padeció con visos de tragedia este conflicto, lo cual determinó en su lírica un movimiento entre lo íntimo y la fuga; pero ansioso de anclar en su realidad y contexto social.

En su lírica convivieron versos de la más alta factura junto a otros francamente mediocres, entre los primeros se encuentran las citadas elegías y en los segundos, sus poemas dedicados a la virgen de la Caridad y los que concibiera en el centenario del apóstol, loables por sus respectivas intenciones pero no por una factura estética realmente meritoria, digna del resto de la obra de Emilio Ballagas.

Su sonda lírica incursiona también en el negrismo desde una óptica que no tuvo toda la profundidad para comprender al ser negro en su contexto y en el de una sociedad esencialmente racista; sin embargo sí se adentró con reverente entusiasmo en la cultura de la raza y legó textos que constituyen verdaderos homenajes, en los que se regodea tanto en lo lingüístico como en los deliquios de la carne espiritualizada.

Alcanzó al final de su vida una serenidad emocional y poética que hizo de su última obra “Cielo en rehenes”, una de las más trascendentes de nuestra lírica en su comunión con lo divino y consigo mismo como parte de ello en su ser espiritual trascendente.