4.1.1.21 Confluencias poéticas en la obra de Mirta Aguirre (1912 – 1980)

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Mirta Aguirre ha sido una de las poetisas cubanas que ha mostrado un mayor dominio de la lengua y sus recursos expresivos, así como capacidad para moverse en ámbitos temáticos diversos con resultados estéticos felices. Constituye una de nuestras primeras poetisas que postula un concepto diferente de lo femenino, implícito, en tanto la entereza del carácter prima sobre la fragilidad al afrontar circunstancias adversas, lo cual robustece asimismo su poética.

Roberto Fernández Retamar refiere con respecto a sus versos: “Hay en todos una preocupación por la limpidez de la imagen y por la honradez de la expresión que, unidas a un impulso no desbocado pero vivo, ofrecen el ejemplo de una poesía grave, de cuya intimidad arranca una necesidad de ofrenda.”

En este sentido, en su poética se aprecian dos matrices de sensibilidad que no se yuxtaponen sino que se integran a modo de ósmosis: la intimista y la social. Las indagaciones en su propia personalidad, inmersa en estados anímicos que fungen como atmósferas, constituyen un modo de catapultarse hacia lo social con mayor hondura y realimentar su ser poético con los hallazgos derivados de la igualmente honda incursión en lo social.

Lo propiamente político también confluye armónicamente hacia su estética, pues desde temprano la poetisa asumió una actitud militante que mantendría a lo largo de toda su trayectoria vital y literaria. Sus versos vibraron con los tópicos de esta índole propios de la década del 40, el antifascismo, los horrores y la heroicidad de la Guerra Civil Española, en este contexto Federico García Lorca fue recurrente en su admiración y también en cuanto a legado lírico.

El tema amoroso irrumpió con fuerza en su poética, en este sentido la poetisa se conmovió hondamente con la pérdida del amor y el carácter efímero de este sentimiento; pero no desde una óptica abstracta sino que su poética refleja en alguna medida como fue arrastrada en su vorágine, la carga vivencial esta aunada a una consustancial firmeza, sin dejar de ser exponente de lo amatorio femenino.

Desde sus primeras incursiones poéticas se aprecia un sinnúmero de lecturas y autores que la acompañan como ángeles tutelares, así como el dominio de un amplio registro de estructuras estróficas y versales de impronta clásica, concatenado a un sentido innato del ritmo y la rima. Ello cuajaría en piezas poemáticas tanto de factura cerrada como de expresión lírica puede decirse que más irradiada.

La cultura lírica de la autora sin embargo no implicó para nada una expresión de acaracolado barroquismo sino que primó en su producción el léxico sencillo, asequible a las grandes masas de lectores, todo ello aderezado con un acento conversacional que determinó una poética de la comunicación, en la que confluyen tanto las inmanencias de su ser individual como las grandes y pequeñas humaredas colectivas.