4.1.1.23 “La poesía moderna en Cuba” y el grupo de “Los Nuevos”, 1926

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4.1.1.23

En 1926 se publica una antología con el título de “La poesía moderna en Cuba”, la cual estuvo a cargo de Félix Lizaso y José Antonio Fernández de Castro, en esta se utiliza en calificativo de “Los Nuevos”, para los autores seleccionados y los principios estéticos que compartían, aunque no respondieran realmente a un sustrato común.

La mayor parte de los poetas que integran esta muestra habían comenzado su labor creativa en la década del 20, en torno a una poética que se inscribía en los remanentes del modernismo y el posmodernismo, todavía sin inquietudes que permitieran vislumbrar la irrupción de la vanguardia en el panorama de la lírica cubana. Algunos eran epígonos de Boti y en sentido general compartían una cosmovisión desolada que parecía concomitar con el universo emocional de Casal.

Entre los nombres que integran la muestra se encuentran los de Ramón Rubiera, Eduardo Avilés Ramírez, Enrique Serpa, Rafael Esténger, Andres Nuñez Olano y Enrique Loynaz. En mayor o menor medida asumieron poéticas de estirpe conservadora, anclados en una corriente literaria que ya había agotado sus posibilidades expresivas al menos para una asunción tal cual.

La obra de Ramón Rubiera, verbigracia, reitera tópicos similares a los de Boti, ya desprovistos del ímpetu renovador que en su momento le imprimiera el poeta, antes, en 1925, había dado a la luz “Los astros ilusorios”, su único poemario publicado, también heredero de la lírica povediana pero sin sus bríos.

Sirva un poema de Enrique Loynaz para ilustrar la línea en que se movieron estas propuestas:

“Entre los lirios, no podría
decir cuál es el cuerpo de mi amada.
Cuando baja a bañarse sola
por la mañana,
y hace un aire claro,
y está llena de lirios el agua,
nadie puede decir
cuál es el cuerpo de mi amada.
Su cabello parece blanquear vagamente,
son más blancas sus manos blancas,
¡como lirios manchados de vino, son más blancos!,
y hasta su roja boca luce blanca.
Son blancos sus ojos
como sus pestañas.
Sus pies suaves como la leche, se derriten
poco a poco en el agua,
desaparecen sus hombros y luego sus senos,
sus brazos se alargan, se ablandan
extrañamente, como
si fueran dos cintas de plata;
y su piel parece hecha entonces de un agua de lirios,
de un brillo de agua.”

En sentido general primaba una concepción restringida de lo poético, tanto en cuanto a contenido como con respecto al léxico, heredado del romanticismo y del modernismo pero sin alcanzar las cimas de otros autores.

Sin embargo algunos de los poetas sí apuntaban ya hacia la vanguardia en el desenfado en el tratamiento de los temas y la llamada ironía sentimental, como es el caso de María Villar Buceta, José Z. Tallet y Rubén Martínez Villena, quienes ya se encuentran en un momento de ruptura con respecto a las manidas fórmulas poéticas que estaban imperando tras el impulso renovador de Boti y Poveda.