4.1.1.29 El cultivo de la poesía social en Cuba en la primera mitad del siglo XX

159 0
4.1.1.29

La poesía social en Cuba como tal surge con la publicación de “Salutación fraterna al taller mecánico”, de Regino Pedroso; sin embargo había tenido algunos antecedentes en las primeras décadas del siglo. Cuajaría ahora como necesidad de llevar a la lírica una preocupación que rebasa lo subjetivo individual y se inscribe en la problemática de todos, en el contexto de la difícil situación política y económica.

Heredera del vanguardismo, la corriente de poesía social asumiría algunos procedimientos propios de la vanguardia en cuanto al léxico y su recurrencia en el tema de las máquinas, pero para desembocar en el hombre trabajador, en el campesino, en lo humano en definitiva ahora condicionado por lo tecnológico pero latente detrás de todos los artilugios.

De acuerdo con Carrera Andrade “Es indudable que los poetas hispanoamericanos se adelantaron a los otros poetas del mundo –con excepción de los rusos- en incorporarse a las masas populares y formular el mensaje de su dolor y su anhelo”.

Cuba fue en este sentido un ámbito idóneo para el surgimiento de esta vertiente poética, en tanto la situación social propia de la condición neocolonial de la Isla, con el lastre de sucesivas administraciones corruptas y entreguismo político, era realmente precaria, demandante de una voz que denunciara el estado de la población, canto que invocara las fuerzas de una transformación revolucionaria.

En este sentido la poesía social se desarrolló en las antípodas estéticas del purismo, con un sentido de lo contingente poético, del papel comprometido del arte, de una función de la poesía que no podía ser solo la contemplación intemporal y atópica de un ideal abstracto de belleza, que enajenara al poeta de su entorno, del tiempo, del por momentos atormentado rostro de la realidad.

El realismo de esta cosmovisión del arte no entraña disminución de su carga connotativa, de la fantasía creadora y el empleo de recursos expresivos diversos. Roberto Fernández Retamar, además de la citada matriz de vanguardia poética, señala también al negrismo como antecedente suyo, tomando en cuenta la evolución de algunos poetas, entre ellos Nicolás Guillén, que partieron de sonoridades y esencias negras para ampliar el radio de la percepción poética hacia todo lo social preterido y no solo el negro o los grupos étnicos por lo común víctimas de la discriminación.

Esta corriente traería numerosos aportes a nuestra poesía, tanto desde el punto de vista ético como estético, constituyendo la contrapartida ideológica de un pensamiento radicalmente revolucionario que conformó y fue conformado por el movimiento reivindicativo nacional desatado contra la dictadura de Machado y el viciado sistema político sobre el que se sustentaba; pensamiento, estético e ideológico, que alcanzaría su plena realización tras el Triunfo de la Revolución.