4.1.2.10.4 El cuaderno “Visitaciones”, publicado por Fina García Marruz (1923 – )

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En “Visitaciones”, de 1970, está contenida toda la producción poética de Fina García Marruz desde 1951, el mismo consta de seis cuadernos en que se incluyen piezas de las etapas pre y pos revolucionaria, en muchos casos sin precisar la fecha de composición. De estos cuadernos resultan especialmente representativos de su poética el que da título al libro y “Ánima viva”.

En este poemario aflora la riqueza de fondo y forma en la que ha ido condensando su poesía, regida por una esencial religiosidad que no es sin embargo mero culto religioso sino que otorga a su lirismo un dinamismo asimismo asociado a lo ético humano. Se aprecia una evolución en cuanto al abandono del purito formal en pos de una expresión más auténtica, con el consabido tono confesional.

Además de las citadas secciones, forman parte del poemario las tituladas “Azules”, “Pequeñas canciones”, “La tierra amarilla” y “En la muerte de Ernesto Che Guevara”. En “La tierra amarilla”, lo español, sus ciudades y símbolos, fungen como leitmotiv de un lírico homenaje que incluye figuras señeras de las letras, como Antonio Machado.

Una de las piezas más sugerentes del poemario es la nombrada “Ya viene el grave otoño”, estación que por cierto se reitera en los versos de este poemario. En este sentido lo efímero de la vida, las hojas que caen, entra en rejuego con lo eterno a partir de la iteración, ese volver a ser por sobre las cenizas que caracteriza el avance del mundo:

“Ya viene el grave otoño, ya se anuncia
desde la misma tarde un poco pálida
del clarísimo abril. Un soplo frío
asoma en medio del verano a veces
cual importuno que golpea la puerta
de alegres comensales. (…)
¿O serán nuestros huesos mucho menos
que fruta picoteada que se echa
y vuelve a crecer? Sople si quiere el frío
sobre el Abril radioso. Y estas hojas
amarillas que caen no nos asusten
más que el sombrero que voló algo lejos
de su dueña feliz, y que volando
de su paja dichosa y olvidada
a los gajos ancianos y a los pájaros”

El tema de la maternidad recurre en estas páginas, en cierto modo como reverso de lo otoñal, así como el sentimiento religioso, especialmente en el cuaderno “Ánima viva” en cuya primera parte figuran sonetos de un lirismo depurado, en el cual la poetisa dialoga también con dios, de un modo que se asemeja en ocasiones al intimismo religioso de Dulce María Loynaz:

“Siempre ese mismo son a tus oídos.
Perdóname, Señor. Siempre ese juego
de mi flaqueza y tu misericordia.
Harto debes estar, y tengo miedo.

¿Quién te vio en flor? ¿Cuántos te conocieron
desde su juventud? Entonces la sonrisa
fue para ti, la espera para ti,
y el rubor inocente, y el secreto.

Nos quieres en sazón, hombres, no niños,
y tu piedad buscamos solamente.

Ser consolados es lo que pedimos
de tanto errar, con la mano de amor
con que una madre alza el sollozante
hijo diciendo: si no es nada, si no.”

Lo poético social también está plasmado en estas páginas pero a través de una interiorización creadora que distingue los versos de Fina de cierto monolitismo en la materia literaria de su tiempo, en esta línea se inscriben los versos por la muerte de Ernesto Che Guevara, el poema “En la desaparición de Camilo Cienfuegos” y a líderes revolucionarios extranjeros, como “En la muerte de Martin Luther King” y “Al presidente Ho Chi Minh”. Además de los elementos citados, se aprecia una revelación lirica de lo cubano que va cada vez más al hueso de lo identitario.