4.1.2.10 La labor intelectual y poética de Fina García Marruz (1923 – )

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Fina García Marruz es una de las voces líricas de más reconocido prestigio en la Isla, con una trayectoria poética que se remonta a la infancia y alcanzaría ya notabilidad durante su trayectoria universitaria. Además de la creación y el ámbito literario, incursionó en las disciplinas humanísticas, doctorándose en Ciencias Sociales en la Universidad de la Habana en 1961.

Su visión poética del mundo recibió la temprana impronta de Juan Ramón Jiménez, con la visita de este a Cuba en 1936. En la órbita del origenismo fue conformando una poética dedicada a abrir hasta su fondo los entretelones de la realidad, desde un raigal sentimiento religioso. Sus tempranas inmersiones en la obra martiana también fueren definitorias en su poética.

Desde el punto de vista de las corrientes literarias, rescata un romanticismo que Enrique Sainz considera universal, el que es en cierto modo consustancial a toda la buena poesía. La citada ascendencia de Juan Ramón Jiménez no se tradujo en una estética purista, pues la autora mantiene en todo tiempo los vínculos con la realidad, pero con afán trascendente.

El diálogo entre realidad y belleza configura buena parte de su producción poética, signada por el citado afán trascendentalista que inquiere no solo a la realidad sino a toda la tradición histórica y literaria que la antecedió e interroga asimismo a lo suprahumano, divino. Sus búsquedas líricas constituyen ondas expansivas que incursionan en las raíces nacionales y en sus propias raíces, en un melódico forcejeo con la memoria.

Cintio Vitier expreso sobre la autora: “Centrada desde muy pronto (…) por una serena certidumbre de poesía, va pasando con silenciosa naturalidad del impresionismo adolescente a la conquista de un reino espiritual cada vez más vasto. En términos esenciales podemos decir que su intención expresiva se dirige de la intimidad del alma a la objetividad del espíritu, pero en ese tránsito es atraída por el sentido de la Pasión, del espíritu encarnado. Así, su poesía, si atentamente la seguimos en todos sus hallazgos y vicisitudes, avanza rectificándose con graciosa necesidad hacia la contemplación anhelante de los misterios cristianos”

La noción de “avanzar rectificándose” constituye un principio que guía de alguna manera su producción poética más allá del tiempo de las palabras de Cintio, pero no en el sentido de un acendramiento estético sino en cuanto a aprehensión múltiple de su realidad, más bien penetración en ella en busca de su exégesis última, pero emocional y no puramente cognitiva.