4.1.2.13 María Zambrano (1904 – 1991), Orígenes y “La cuba secreta”

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María Zambrano fue una filósofa y escritora española que se mantuvo colaborando activamente en la revista Orígenes, en muchos sentidos mentora de este empeño editorial y cultural. Fue discípula de José Ortega y Gasset y profesora de la Universidad de Madrid, exiliada en México a partir de 1939, con motivo del adverso desenlace de la Guerra Civil Española, durante la se ocupó asimismo de la ayuda humanitaria a los afectados por la lid. De México se traslada a Cuba e inicia una fecunda relación con los integrantes de Orígenes.
La escritora publicó diversos textos en la revista, en muchos de los cuales se aprecia su perspectiva filosófica sobre temas diversos, verbigracia, la envidia, a la que considera un “mal sagrado”, en tanto desde antaño es una de las manifestaciones de la enfermedad moral del individualismo, su texto “Dos fragmentos acerca del pensar”, ahondan en las diferencias entre el saber y el pensar, antecedente de posteriores estudios de la psicología cognitiva. Otras de sus piezas origenistas se abocaron más bien al ámbito de la cultura y el arte, como es el caso de “El misterio de la pintura española en Luis Fernández”.
Sin embargo, el texto que constituye un acercamiento medular al entramado de la cultura y la nacionalidad cubana, que Orígenes trataba de vindicar en su propuesta, es precisamente “La cuba secreta”, texto que por su motivo y trascendencia se incorpora plenamente a lo nacional y su literatura aunque la escritora sea española, pues su singular mirada se sumerge con cierto goce fruitivo en nuestra lírica, en torno a los poetas que fueron compilados en “Diez poetas cubanos”, por Cintio Vitier, revelación sorprendente para Zambrano.
El texto se inicia con una disertación en torno a las impresiones despertadas en la autora contacto primigenio y prístino con la Isla, a la que considera en sus metáforas como “patria prenatal” y de esta sensación de ancestral vínculo trascendente deriva un estado de país todavía naciente, pues aunque sabe de su gloriosa historia, aprecia como estaba naciendo en ese entonces a la poesía, prisma desde el cual aprecia el ser nacional y considera que puede casi fundarse otra vez la historia.
Refiere así sus sensaciones: “No la imagen, no la viviente abstracción de la palma y su contorno, ni el modo de estar en el espacio de las personas y las cosas, sino su sombra, su peso secreto, su cifra de realidad, fué lo que me hizo creer recordar que la había ya vivivido.”
La autora aborda con delectación como el descubrimiento mítico de la Isla, en el sentido de revelación poética, acontece en los integrantes del grupo Orígenes, especialmente la obra de Lezama pero también Gastón Baquero y el sentido de la inocencia de las palabras, la inocencia del poeta como ser, así como la lírica de Piñera, que se concreta por la vía de la anulación, un casi no dejarse a si mismo existir que intuye ya Zambrano. Se refiere a cada uno de los autores y como labran el secreto el misterio de la poesía, señalando ya algunos precursores, como Emilio Ballagas, Nicolás Guillén, Mariano Brull y Eugenio Florit.
“La Cuba secreta”, uno de los textos que pueden calificarse como más profundamente origenistas, aporta elementos clave a la comprensión del ámbito del grupo y el sentido que cobró para ellos la relación entre lo poético y lo nacional. María Zambrano apunta a la cifra de ese despertar poético que lo era asimismo al conocimiento y también lentamente en la conciencia nacional desde la irradiación de esta propuesta.