4.1.2.2.1 Muerte de Narciso (1937), primer texto poético de José Lezama Lima (1910 – 1976)

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En “Muerte de Narciso” se aprecian ya los gérmenes de prácticamente todos los elementos que irían cuajando en la singular poética lezamiana, pero el libro en sí es ya una magnífica concreción de su vocación poética, escrito desde una dimensión distinta del tiempo, quizás oasis de atemporalidad que busca anclar en un futuro que se vislumbra como cierto pero desde una tradición que tiene en José Martí su principal asidero.

Sobre el impacto primero del libro, refiere Cintio Vitier, “Cuando en 1937 apareció en la Habana un cuadernillo titulado “Muerte de Narciso”, muy pocos, quizás solo algunos jóvenes y adolescentes, sospecharon lo que ese discurso poético, tan difícil de relacionar con lo que entonces sucedía en la vida cotidiana, política y literaria del país, significaría al paso de los años. El tiempo, fabulosamente invocado desde la primera línea de aquel poema (“Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo”), iba a ser el principal aliado de una palabra que, no obstante su apariencia ahistórica, se sumergía en el devenir profundo que alimenta a la historia,”

Este primer poema es precisamente el que da título a toda la composición y donde se manifiesta ya su firme asiento en una tradición poética y mítica de múltiples referentes, especialmente la cultura griega y después se verá que también una simbología eminentemente católica que supera aquella cosmogonía.

En el poemario se aprecia ya lo que puede llamarse una refundación de la Isla a través de su definitiva incorporación simbólica a la herencia de la cultura ecuménica, en la que también es notable la fusión holística de elementos de diversas corrientes literarias, entre ellas el purismo, para adentrarse en lo desconocido, todo lo cual resulta en un poemario que extiende el campo significativo de la cultura en tanto sustitución del vacío histórico, con procedimientos que llevan a considerar esenciales en el texto una “rauda cetrería de metáforas”, al decir de Ángel Gaztelu.

El texto está impregnado de una sensualidad de delectación en las palabras que a veces deriva en sensación visual, además el empleo de un léxico de alta cultura y en sentido general supone una ruptura con las concepciones estéticas tradicionales para crear una belleza distinta, que no es emanación del objeto sino suficiencia en sí misma, todo lo cual obstaculizó la recepción por parte del público y de la crítica, con la excepción de los iluminados origenistas.

Ya desde este texto, Lezama trata de llenar el vacío que desalienta lo real a través de la exuberancia de la imagen, en un sentido hipertélico, no recrear sino crear una realidad tan válida como la que transpira en torno suyo, de la cual no se divorcia pero que no pretende copiar sino postular otra posibilidad, casi como un país poético que en definitiva tendría su influencia sobre la realidad, a modo de ficción borgeana.