4.1.2.2.12 “Analecta del reloj”, obra publicada en 1953 por José Lezama Lima (1910 – 1976)

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“Analecta del reloj” contiene algunos textos que Lezama Lima había dado a conocer en Orígenes y en las publicaciones anteriores bajo su égida, entre las cuales se encuentra el citado estudio en torno a la obra de Garcilaso de la Vega y además otros dedicados a Góngora, Quevedo y Calderón de la Barca, con los títulos de “El secreto de Garcilaso”, “Sierpe de Don Luis de Góngora”, “Cien años más para Quevedo” y “Calderón y el mundo personaje”, respectivamente.

Sin embargo, no se ocupó únicamente de los poetas que integran la rica tradición hispana sino que se abocó también al estudio de exponentes de la lengua poética francesa, como Mallarmé y Valéry, en las respectivas piezas ensayísticas de “Sobre Paul Valéry”, “El acto poético y Valéry” –quien había publicado en la revista Orígenes e incluso su texto “La joven Parca” se publicó bajo este sello- “Cumplimiento de Mallarmé (1842 – 1942)” y “Prosa de circunstancia para Mallarmé”. En este cuaderno se incluye también “Montaigne y sus mejores lectores”.

El texto “Coloquio con Juan Ramón Jiménez” es el resultado de un diálogo sostenido durante la visita que este realizara a Cuba en 1936. En el mismo se plasman los criterios de ambos en torno a temas vinculados a la poesía, donde Lezama indaga sobre el concepto de “insularismo” -lo que pudiera denominarse lo telúrico insular- así como la relación entre filosofía y poesía, el romanticismo y en sentido general las formas poéticas y posibles preeminencias.

Resulta interesante el criterio de Juan Ramón Jiménez con respecto a la transcripción de los diálogos, en el que la no literalidad sin embargo contribuyó a conformar un cuerpo gnoseológico más vasto:

“En las opiniones que José Lezama Lima “me obliga a escribir con su pletórica pluma”, hay ideas y palabras que reconozco mías y otras que no. Pero lo que no reconozco mío tiene una calidad también a no abandonarlo como ajeno. Además el diálogo está en algunos momentos fundido, no es del uno ni del otro, sino del espacio y el tiempo medios.”

Un texto interesante que se incluye en el cuaderno es el titulado “Del aprovechamiento poético”, breve ensayo que data de 1938. Es este uno de los textos más especulativos de Lezama, en el que se sumerge en disquisiciones filosóficas que coadyuven a develar un poco más la sustancia última de la poesía, así como su relación y diferenciación de la prosa. Aquí ya se pregunta:

“¿Nos contentaremos con hundir las manos en las aguas de la poesía y mostrar el primer pececillo, o ir despertando al separar rumores de nieblas y dominio en expresiones fugaces?”

En este texto Lezama definitivamente opta por la segunda opción -la más difícil y al mismo tiempo la más estimulante- y ofrece agudas pinceladas que confluyen tanto a una teoría “poética” de lo poético, como a descifrar algunas claves de su historia y relevantes figuras ecuménicas y del contexto de la Isla, tocados por eso indefinible que los vincula definitivamente a una sólida tradición, incorporada al bregar de la poesía por el tiempo.