4.1.2.2.14 “Tratados en la Habana”, 1958, de José Lezama Lima (1910 – 1976)

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“Tratados en la Habana” contiene una serie de textos que contribuyen a arrojar luz sobre la tradición poética nacional, el estadío del momento y algunas coordenadas político – sociales en las cuales tenía lugar el fenómeno poético. Se incluye en este libro la sección “Sucesivas o coordenadas habaneras” que vieron la luz inicialmente en una columna fija del Diario de la Marina.

Aquí postula ya una poética de lo cubano, con múltiples asideros en lo político, lo religioso y otros elementos asociados a la conciencia social y el modo en que esta se vertía en lo lírico. Articula ya una defensa de los valores de la tradición cultural cubana, dentro de la cual otorga un papel relevante en su capacidad vinculante a lo poético, frente a la penetración foránea, dígase norteamericana, que tendía a erosionar esta condensación espiritual de lo insular.

Están presentes en este libro algunos elementos interconectados con la polémica que había sostenido con la generación de la “Revista de Avance”, en particular Jorge Mañach, extensiva a los origenistas, en torno a la denominada lucha generacional, en la que desde una perspectiva dialéctica reafirma los elementos de continuidad por sobre los disruptivos.

Se aprecia ya en la obra Lezamiana el intento de arribar a una poesía que fuera antídoto de la desintegración de la conciencia nacional, sus causas y secuelas en todos los ámbitos, incluido el político y en este sentido su ensayística es depositaria de la fe lezamiana en el potencial de la poesía para resistir la frustración política y al mismo tiempo revertir en el porvenir el status quo, lo cual se sustenta en el raigal optimismo de la obra martiana.

Los textos de este libro están asimismo vinculados con los que publicó en el decurso del tiempo origenista, tributando al extenso cuerpo de una obra en la que deriva una ética del concepto de belleza y le señala en cierto modo una función política al arte, nunca como propósito pero sí en la manera que este tiene de imperar en la conciencia social y definir de algún modo sus derroteros, como conocimiento de la realidad y al mismo tiempo soterrada influencia sobre ella.