4.1.2.3 Vida y quehacer literario de Virgilio Piñera (1912 – 1979)

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4.1.2.3.

Virgilio Piñera fue siempre y lamentablemente un hombre marginado o automarginado, tanto durante la república como después del Triunfo de la Revolución, aunque de manera distinta, desde el punto de vista económico y social. Erigió su talento en el medio de la pobreza y la deficiente educación pública, única a la que tuvo acceso dada su condición social, y fue ganando poco a poco un renombre asociado a la calidad de su obra pero también a la extrañeza de su personalidad, de cierto solitario excentricismo.

Como es conocido tubo una breve filiación origenista-considerado por algunos como el disidente de orígenes- que no implico que compartiera el sustrato de ideas del grupo, más bien situado en el otro polo de la común pero no monolítica propuesta estética de este. Las diferencias fundamentales estaban dadas por la poética de lo intrascendente cultivada por Virgilio y también su ausencia de ser religiosa, en el caso de los otros miembros, la religiosidad aparecía entretejida a la plasmación poética de mundos interiores e exteriores.

Después de separarse de Orígenes viajo a Argentina, en el año 1946, dedicándose a pequeños y mal remunerados trabajos consulares para la oficina cubana en Buenos Aires. Se aproximo y alejo de grupos literarios, oponiéndose al sector de la cultura oficial, lo cual hiso a través de la modesta revista que fundó, “Vic-trola”, en paródica alusión a Victoria O Campo.

Providencial resulto para el escritor el mecenazgo de José Rodríguez Feo, cofundador de Orígenes junto a Lezama Lima, distanciados en 1954, lo que dio fin asimismo a la publicación. Rodríguez Feo, millonario y diletante, fundo entonces la revista Ciclón y designo a Piñera corresponsal de la misma en Argentina, quien colabora tesonera y exitosamente, lo cual significo una oportunidad para Piñera de mejorar su estatus económico y a la vez su ascenso en la cultura y el mundillo literario, pero con auténticos meritos.

Rodríguez Feo describió así su primer encuentro con Piñera: “cuando me lo presentaron me impresiono vivamente aquel aspecto suyo tan semejante al de esos seres un tanto fantasmales que atraviesan sus ficciones y que nos dejan en la duda de si no serán ellos también representaciones de su autor: de mediana estatura, descargabado, rostro pálido y enfermizo, ojos de mirar inquieto, que reflejaban esa docilidad que solemos asociar con individuos siempre temerosos. Me asalto la impresión de que vivía al acecho del desconocido o del accidente inesperado que pudiesen surgir como una amenaza en el camino de una existencia tan precaria…”

Ya Piñera había regresado a Cuba y continúo recibiendo el apoyo de José Rodríguez Feo. Con el triunfo de la Revolución, paso a colaborar en “Lunes de Revolución”, por solicitud de Guillermo Cabrera Infante, en ese entonces flamante director. Ya reconocido como figura pública, sufrió sin embrago las consecuencias psicológicas de la redada homosexual que se entronizo en la década del 70´, sin embargo permaneció en su país y aposto por la rectificación de los errores de esta etapa.

Su escritura refleja el sentimiento de marginación, desde la asunción de sus diferencias con respecto al mundo en que le toco vivir, las cuales cuajarían así mismo en una notable divergencia estética. Durante la etapa revolucionaria “padeció” cierto encumbramiento como figura pública, a la vez que un extraño silencio con respecto a su producción literaria – reconocida no obstante por el pueblo – lo cual en alguna medida fue subsanado por innumerables reconocimientos póstumos que se le tributaron a la altura de 1984.