4.1.2.4.1 “Poemas”, publicados en 1940 por Angel Gaztelu (1914 – 2003)

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El cuaderno que incluyera Angel Gaztelu, con el solo título de “Poemas” en “Espuela de Plata”, 1940 evidencia ya la fruitiva religiosidad del autor, su delectación en el paisaje y especialmente en la noche, atmósfera propicia al lirismo del poeta, a veces ceñido a las tradicionales estructuras estróficas, especialmente el soneto; y otras liberado en versículos que corren como ríos.

“Oración y meditación de la noche”, constituye un poema de alto lirismo y transida emoción, en el cual el poeta entona su alabanza al creador, donde las palabras tienen la hondura de un dictado de su sangre agradecida. Sus exégetas han hecho alusión en muchas ocasiones a que su poética es muy afín a la sensibilidad de Fray Luis de León y este es uno de los poemas que mayor fe da de ello.

Lo puramente estético en este caso no constituye un objetivo per se; pues el bardo, más que producir belleza, pretende plasmar la que de modo natural encuentra a su paso por el mundo y especialmente en lo divino, a la cual se acerca con toda la fuerza de su fe; pues sabe que las palabras, por más que disponga de ellas y encuentre felices combinaciones, no pueden superar la belleza de lo creado palpitante.

Este fragmento ilustra la emoción que alienta en el poema y conduce asimismo la ilación del poemario:

“Quisiera callar… pero es el amor quien en mí levanta su canción
altísima,
su canción ardiente y perfecta y redonda como una granada.
Quisiera callar… pero su ardor irresistible es quien mueve mi voz
esta noche en que estoy encumbrado como en monte de delicias,
tan cercano, ay, del cielo que podría arrancar con las manos
al árbol de la noche tan florido, la emoción tan clara de sus frutos.”

Por su parte “Nocturno marino” nos habla de la delicada tristeza que fenece en el alma y la serenidad que se instaura frente al piélago inmenso. El símbolo del mar aquietador de emociones se vivifica en versos de largas asonancias, el dios todo amor aparece aquí evocado como final consuelo, para un sujeto que se torna la voz de todos, perspectiva universalista que se desentiende de coyunturas históricas y refiere solo lo emotivo y lo bello que es común patrimonio.

Los sonetos que aquí incluye Angel Gaztelu constituyen piezas artísticamente logradas, carentes sin embargo del desbordado aliento lírico de sus versos libres y de las rimas asonantes, estas últimos plasman una musicalidad natural, a través de los nombres de las cosas.

La noche, el silencio, la quieta evocación de lo divino y su disfrute diríase que desde la carne del espíritu, impregnan a estos versos de un sentido fruitivo trascendente, que se plasma además en una fluida representación estética de la realidad, cuya musicalidad alude a lo celeste. Cintio Vitier se refirió a la poética que está en la base compositiva del cuaderno:

“Encarna siempre una gustación lírica de primera mano, una visión jugosamente actual, si bien espontáneamente suspendida al margen de toda problematicidad expresiva y de toda angustia histórica o personal (…) Pero lo que a nuestro juicio hace más distinta y excepcional su obra entre nosotros, es que no constituye nunca una obsesión ni un objeto absorbente de confidencia o búsqueda, sino como un leal instrumento, en humilde sitio mantenido, de gloria diáfana y venturoso cántico.”