4.1.2.7 Vida y poética de Eliseo Diego (1920 – 1994)

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Eliseo Diego nació en la Habana en 1920 y falleció en México en 1994, su formación como poeta estuvo influida por sus viajes a Europa en edad temprana y la asimilación de disímiles influencias de escritores de distintas lenguas de ese continente. Inició la carrera de Derecho en la Universidad de la Habana, la cual no llega a concluir dedicándose a la creación literaria y a colaborar en publicaciones como Clavileño y más tarde Orígenes, crucial en su destino de poeta.

La poética de Eliseo Diego, entre otros múltiples valores, tiene el de rescatar para la lírica cubana lo auténticamente insular, “el mito de la patria”, en palabras de Cintio Vitier. En una etapa de desintegración de la conciencia nacional, como consecuencia de la subordinación política y económica a la nación norteña, la obra de Eliseo Diego tiene el mérito de intentar, a modo de conjuro, un nuevo anclaje en la realidad en el que la calidad poética pudiera religar las esencias quebradas en el marasmo político.

La muerte y la nada constituyeron tópicos concomitantes en la obra del bardo, quien derivó también hacia una poesía de la resistencia incluso ante la muerte, en este sentido sus poemas semejan sobrias estructuras pictóricas o arquitectónicas que se erigen frente al anonadación que significan los citados tópicos, velada aspiración de eternidad pero no como propósito de perpetuación del yo sino simple apuesta contra la caducidad. El léxico que a ello se presta es depurado y culto sin delicuescencias, donde cada palabra funge como sostén de un decir que apela a distintos ámbitos sensoriales.

Al respecto, expresó José Lezama Lima: “Su obra toda tiene el sabor espeso de un paralelismo tiempo espacio. La dimensión espacial del sentido cubre en su totalidad la dimensión espacial del sabor. El secreto de cada palabra está en el peso de su temporalidad, en la fulguración de la costumbre. La extensión de cada sentencia poética está dictada por su sabor. Y siempre me agrada recordar que sabor, sabiduría, sal, saltar, danzar eran para los griegos una misma palabra.”

En cierto modo tuvo Eliseo Diego el hallazgo y la revelación de la cubanidad en el plano del conocimiento y la expresión poética, complementando la labor de Ortiz en una esfera de multiplicidad de ciencias. En este sentido, Eliseo, al igual que otros origenistas, percibió en la poesía una forma sublime de conocimiento y ella misma expresión de un caudal soterrado de saberes en que toman parte también lo colectivo y lo histórico.

Después del triunfo de la Revolución laboró en la Biblioteca Nacional José Martí y más tarde en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), continuó su esencial misión creadora con nuevos hallazgos y piezas que resultarían antológicas también para lo poético – revolucionario. Entre los principales lauros obtenidos se cuentan el Premio Nacional de Literatura en 1986 y el Premio Internacional Juan Rulfo en 1993.