4.1.2.9.1 El asentamiento de Cintio Vitier (1921 – 2009) como poeta de nuestra lengua

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La obra de Cintio Vitier escrita bajo la égida republicana fue sustancialmente fértil, iniciada con los “Poemas”, que concibió en 1938, en los cuales aparecen ya los signos de su peculiar relación con el mundo y con la poesía como parte de este. La interrogación a la realidad aparece prácticamente como una constante, lo circundante le provoca un admirativo extrañamiento, cuando afirma: “la vida rumorosa me ciega”.

A este poemario lo sucedió el titulado “Luz ya sueño”, 1942 y “Palabras perdidas”, 1941 – 1942, en las que se aprecia esta avidez por lo real que es también avidez por el conocimiento, relacionado a un tiempo con lo natural – real y la poesía, en tanto esta última comporta una manera de aprehensión intelectiva del mundo, si bien también sensitiva, lo cual primó en el caso de Cintio.

Los exégetas de la vasta obra del bardo sostienen que en esta etapa, dada por la publicación de las citadas piezas, primó la influencia, nunca mimética, del cosmos poético de Juan Ramón Jiménez, quien había visitado la Isla y cuyo modo de hacer poesía había impactado al joven Cintio, sobre todo en lo que respecta a la peculiar relación del poeta español con la realidad y lo depurado del lenguaje; aunque el purismo no fue asumido como estética fundamental en el caso de Cintio.

En sus primeros cuadernos se aprecia también el sentido de una “oquedad” en lo real, vacío, ausencia, que puede interpretarse como una carencia que no es solo material –incluida sin embargo en sus reflexiones en torno a la pobreza- sino espiritual y ética, imposible de conjurar con palabras; en este sentido, el poeta desconfió de las palabras como esencialidad de la poesía, otorgándole un peso fundamental a la vida y su plenitud.

Sobre esta etapa de su quehacer creativo, el mismo Vitier apunta en “Diez poetas cubanos”:

“Pronto empecé a sentirme insatisfecho de aquel libro (Poemas, 1938) y a intentar otras formas de expresión más penetradas de mis intuiciones y esperanzas, lo que me fué posible, después de varios años de oscuro desconcierto (que son los de mi intervención en Espuela de Plata y Clavileño), a través de la experiencia de esa misma oscuridad y de la lectura de dos poetas objetivamente irreconciliables: José Lezama Lima y César Vallejo. (…) Es el momento de “Sedienta cita” (1943) y “Experiencia de la poesía” (1944) (…). Actualmente comprendo que mis libros iniciales, inéditos o refundidos, contienen el impulso y los asuntos, y que mi escritura sólo sabe crecer por círculos concéntricos.”

Vitier expresa así el sentido de permanencia de los móviles de su poética, la cual sin embargo es expansiva hacia tópicos y modos de manifestar la realidad circundante, de la cual se impregna el poeta y plasma ya con una calidad que lo hace figurar en nuestra tradición lírica desde estos primeros pasos. Su cosmos poética trascendió siempre el universo de las palabras en pos de una auténtica ligazón con la realidad.