4.1.2.9.3 “De mi provincia”, poemario publicado por Cintio Vitier (1921 – 2009) en 1945

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4.1.2.9.3

El breve cuaderno “De mi provincia”, apareció publicado en 1945 bajo el sello de “Orígenes”; consta de dos secciones, la primera titulada “La esfinge sucesiva” y contentiva de un poema homónimo y de otro titulado “El hijo”. La segunda sección se titula también “De mi provincia”, con un poema así denominado y otros con los encabezados de “El caballo”, “No como una tentación”, “Carta” y “El vals”

En este poemario se aprecia un deslumbramiento por la propia sonoridad y la hechura formal que confieren las palabras, produce en este sentido un sentimiento de belleza extática, sin que por ello deje de ahondar en la realidad pero la mirada del poeta se deja cautivar por las criaturas y no busca el desentrañamiento ya que la vida se le torna inaccesible en algunas de sus fases. La primera de las piezas se inicia con los siguientes versos:

“Eres lo cristalino y la tiniebla,
pero además tienes que ver
una hoja que nadie ve,
un jarro que nadie ama. Escucha!
Las madres y las doncellas vienen a hablarte
como si fueras el rey, mas tú le tiendes
la mano del mendigo, esa mano sarmentosa y mágica.”

El poema tiene varias lecturas pero se aprecia en él un sentido oracular, un saber que es el de la poesía y que debe estar ligado a todas las cosas de la realidad, desde lo sensorial (los ojos como un rey, las manos como un harapiento niño, el cuerpo a la tierra, la voz al fango, entierra el oído en lo seco y en lo húmedo…) para aprehender la intrincada maraña de lo que lo circunda pero siendo siempre el mendigo que algo solicita, oquedad que la vida no puede llenar, sin culto a su propio decir.

En “De mi provincia” se aprecia una nostalgia por situaciones de antaño, personajes velados por un aire vespertino, el niño polvoriento, la mujerzuela huesuda, están como en la recurrencia del tiempo evocado, que el poeta no puede penetrar como el silencio del río en que el niño patalea, inmune a la realidad; pero también trasluce aquí un déficit de la sociedad que es económico y espiritual, un vacío que no es el de Piñera pero si como ausencia de algo que no vislumbra del todo.

Para culminar, las últimas estrofas del poema “No como una tentación”, en el que la nostalgia funge en cierto modo como marasmo poética, rémora de la que el bardo debe escapar y esta es una visión de la poesía como renuncia a otros llamados de la realidad. Es en cierto modo el sentido evolutivo del hacer lírico de Cintio, su capacidad de transponer los pasados tanto de la palabra como de la vida para acercarse a ese umbral que se distiende a casa paso:

“En ese instante ya no sigo ni puedo renunciar,
doblados los más ricos manteles y mondadas las naranjas
en un rapto de cariñoso dolor que el oleaje borra.
Sólo entonces cantan las metamorfosis de mi frenesí
que acaba siempre desatado por las mismas hojas.

Y empieza uno a destruir algo para hacer El Verso
y se diría que es posible morir y emocionarse,
pero mojado entre la noche el viento vibra y cae
no como una tentación, no como el viento ni el hastío,
cae con un idioma que no debo recordar, y me desprende.”