4.1.2.9.5 El poemario “El hogar y el olvido”, dado a conocer por Cintio Vitier (1921 – 2009) en 1949

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4.1.2.9.5

“El hogar y el olvido”, de Cintio Vitier; aunque está insertado en la etapa de 1945 – 1950, posee un núcleo de significación que amerita su abordaje independiente. El texto está dividido en 5 secciones (en algunos casos contentivas de un único poema) cuyos poemas iniciales, son las tituladas como sigue: “Tesoro”, “El naranjo”, “Playas grandes”, “Preludio” y “El regreso”.

El primer poema del texto alude al paso del tiempo y a la huída, de un hermetismo que ha encapsulado el simbolismo subyacente pero donde se aprecia una evasiva nostalgia, quizás con asideros en lo real, una costa que puede ser de esta Isla pero que en seguida se muestra “devorada por la nieve” tiene un referente disperso, la plasmación del olvido como atmósfera:

“El viene a hacer el lecho, y huye.
La piedra está pasando por la noche mientras
huye
seguro del terror que lo acompaña como una
piedra inmóvil.
Detrás de la pared está su alma, y su león perdido
que al mirar es tosco y puro; él nombra como un
sabio,
como un niño en una costa devorada por la nieve,
y canta,
seguro de su lecho, de la piedra….”

Este poemario reivindica el vínculo del poeta con su ámbito natural, el naranjo, las gaviotas, la realidad que irrumpe en su patio o en su portal, confluyen como asideros de un lirismo que ha depuesto temporalmente su afán trascendente para sumergirse en lo verdadero que lo circunda y cuya belleza no es reductible a palabras.

En varios de los textos el poeta alude a la voluptuosidad como forma de relación con el mundo, perdida en los vericuetos del hastío, sentimiento que también de algún modo impregna el poema, latente a veces en formas que se prolongan desde el verso libre hasta un estilo de prosa poética que es como letanía de la vida, transcurrir enajenado del poeta.

El vacío de lo real y la ya apuntada insuficiencia de las palabras irrumpen también en este poemario, la muerte y la nada se perfilan en más de una ocasión, extendiendo al reino del lenguaje una insatisfacción con lo existente que seguramente tiene su lectura política:

“¿Como empezar, olvido, si el ave no ha empezado?

!Rompe los textos silenciosos de la brisa,
la nieve de la noche cuando el cuerpo desnudo
se le escapa
y amanece otra tela resonando en otra playa!

¿Cómo nombrar la vida con el humo,
la sangre con la calma vacía de los vastos almacenes
o con la humedad rosada que era la noche de la luz?”