4.1.3.3 La obra poética de Carilda Oliver Labra (1922- )

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4.1.3.3

Carilda Oliver Labra, a pesar de haber nacido en 1922 y no en 1924 como erróneamente se suponía debido a los datos de su inscripción de nacimiento, pertenece en espíritu a la denominada generación del 50, su lírica denota un estilo que desde la simbiosis de corrientes literarias encuentra una expresión sui géneris, en general en torno a los asuntos amatorios en el ámbito del contacto fruitivo, no circunscrito pero sí tendiente a lo carnal desde el punto de vista de la presencia real del amante por sobre la vocación idealizadora de otras poetisas.

Las fuentes líricas fundamentales de las que bebió Carilda fueron el neorromanticismo, el coloquialismo y en buena medida la vanguardia pero no en alguna de sus vertientes específicas sino en cuanto al desenfado en el uso del léxico, sin avanzar hacia la abierta experimentación. En sus obras apreciamos cierto dejo de “ironía sentimental”, aunque más dada por el espíritu de época que por influencias directas de precursores de esta corriente, como José Zacarías Tallet y Rubén Martínez Villena.

El tópico esencial de su poética ha sido sin dudas el amoroso, en este sentido desde una curiosa exteriorización de lo íntimo, a veces con aparente frivolidad infantil pero siempre una lectura más atenta delata la hondura sentimental de sus vivencias, la autenticidad que encaja bien con los moldes coloquiales; esta zona medular de su poesía estuvo influida por la obra de José Ángel Buesa, sin dejarse tentar por el populismo en cierto modo asociado al facilismo versal en que incurrió el bardo a pesar de sus dotes innegables.

El tema sin embargo adquiere en la poetisa una concentración erótica que no tuvo parigual en otras épocas e incluso escaso en la actualidad, sobre todo en cuanto a la maestría con que es capaz de transmitir la emoción del cuerpo; en este sentido Virgilio López Lemus, en su prólogo al cuaderno “Error de magia”, refiere:

“Carilda rompe los moldes de la actitud activo – pasiva de la relación amorosa y se sitúa en el centro de la actividad, de la expresión gozosa de los encantos del cuerpo humano. Su poesía es corpórea y de protagonismo corporal femenino. No se impulsa por ninguna dosis de misticismo, en la que el alma se alce por sobre el cuerpo “ruin”, que no es para ella nada ruin. Objeto y sujeto de goce, el cuerpo adquiere con Carilda una dignidad que no siempre se halla en la poesía neorromántica cubana escrita por hombres…”

A pesar de que el tema amoroso resulta esencial en la obra de Carilda, las vibraciones sociales no le son ajenas y en ocasiones adquiere un tono reflexivo que ha sido de interés para la crítica, así como en anclaje en su contexto, reivindicación de la llamada poesía de circunstancia, a veces del ámbito familiar y hogareño. En este sentido su natal Matanzas constituye escenario insinuado o explícito de su deambular por la vida y el amor.

Su obra poética incluye los poemarios “Preludio lírico”, “Al sur de mi garganta”, “Memoria de la fiebre”, “Versos de amor”. “Tú eres mañana”, “Las sílabas y el tiempo”, “Desaparece el polvo”, “Los huesos alumbrados”, “Se me ha perdido un hombre”, “Calzada de Tirry 81”, “Prometida al fuego” y “Error de magia”, entre otras publicaciones y antologías. Además de su vocación poética, ha trabajado como abogada en Matanzas, al obtener el título de Doctora en Derecho Civil en la Universidad de la Habana. Después del triunfo de la Revolución fungió asimismo como profesora de secundaria básica en la citada ciudad.