4.2.1 La obra narrativa de Álvaro de la Iglesia (1859 – 1940)

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Álvaro de la Iglesia, aunque nació en La Coruña, España, se trasladó a Cuba en plena guerra independentista, en 1874, y comenzó su actividad literaria en la Isla, inspirado en su ámbito natural y social para la redacción de muchos de sus textos. Sus primeras obras las publicaría en el semanario “El Álbum”, de la provincia de Matanzas, ciudad en la que se radicó desde su arribo a Cuba.

Aunque se consagra realmente como escritor tras instaurarse la República, despliega una labor creativa bastante activa en la etapa previa; en 1894 publica la novela “Adoración”, que recibió una buena acogida por los estudiosos de la literatura de su época. Incluso Enrique José Varona, tras su reedición en 1901, afirmaría: “El autor de Adoración sabe pintar; aún más, sabe conmover”

Su filiación independentista se evidencia con la publicación de “Episodios Cubanos. Cuba para los cubanos”, de 1898, el cual constituye un folleto político de visos radicales, sorprendente por el hecho de haber sido escrito por un español y la identificación patriótica con la Isla, además de un precoz sentimiento antianexionista que tardaría aun en germinar en las conciencias de la mayor parte de los cubanos.

En 1901, Álvaro de la Iglesia publica un volumen de “Cuentos”, las piezas que lo integran no presentan un gran relieve estético, algunos con un sabor entre testimonial y anecdótico, apreciables por ser trasunto de cubanía. Entre estas cabe citar “Los dos emisarios” y “El pequeño patriota”, ambientados en los maniguales sometidos a los embates bélicos en la etapa de la Guerra del 95.

“La bruja de Atarés o los Bandidos de la Habana”, constituye una pieza publicada también en 1901, con la que inicia una literatura de costumbres heredera de la desarrollada en el siglo XIX. También en ese año aparece en “El Fígaro”, “La misa del gallo”, dotado de este mismo tono que alcanzaría cierta concreción estilística en sus tres volúmenes de “Tradiciones Cubanas”, publicados en 1911, 1915 y 1917.

Publicó además “Relatos y retratos históricos, Cuadros viejos”, en 1915, contentivos de un patriotismo de inspiración romántica, ajeno a los afanes renovadores que cuajaban por entonces; en esta misma línea se inscribe “Cosas de antaño”, publicado en 1918. De 1919 data su obra “San Cristobal, Patrono de la Habana” en la que demuestra su interés por el patrimonio cultural de la Isla.

Sus textos aparecieron en numerosas publicaciones de la colonia y la etapa republicana, fue miembro de la Academia de la Historia de Cuba, rubricó algunos textos con los seudónimos de Pedro Madruga, Eligio Aldao y Varela, Artemio y Vetusto.