4.2.2 La obra narrativa de Adrián del Valle (1872 – 1945)

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Adrián del Valle fue un español que vino a residir a Cuba en 1895 y se identificó con la causa cubana casi inmediatamente, estableciendo incluso contacto con algunos insurrectos y coadyuvando después a la causa revolucionaria desde Nueva York. Ya en ese entonces había colaborado en un semanario estudiantil en su ciudad natal de Barcelona y en otras de Europa y los Estados Unidos, por donde había viajado antes de su arribo a Cuba.

Carlos Loveira, quien se dedicara al rescate de la figura de Adrián del Valle para la cultura cubana, expresa sobre este: “Los trabajos de Adrián del Valle, con ser tantos y de tan diversa índole, tienen una constante unidad ideológica, basada en lo que podría considerarse como un ideal de perfectibilidad humana (…) es un idealista, mas un idealista que ve y analiza la realidad presente”

Su obra narrativa es bastante extensa, parte de ella contenida en “Cuentos inverosímiles”, de 1903, que se caracteriza por el ahondamiento en la incidencia deformante del medio social sobre el individuo y diversas manifestaciones disfuncionales, rayanas en la locura o ya traspuestos sus límites, en los que la óptica pesimista impone sus pespuntes negros sobre el acontecer que aguarda a los personajes y su reacciones.

Ya había iniciado esta línea escritural antes de su llegada a Cuba, con la publicación de “Marta”, asociada al tópico de la pecadora, quien agoniza después en un hospital sin esperanzas de reivindicación física ni moral. El personaje abre los entretelones de un mundo sórdido, derivado también de la propia institución de la división de la sociedad en clases y los valores típicamente burgueses.

“El músico polaco”, encarna asimismo la propia condición y el accionar humano en circunstancias extremas, el protagonista Kosec, después de haber tocado las puertas del cielo de la gloria con su arte de violoncelista, se ve obligado empeñar su instrumento para poder alimentarse y finalmente decide poner término a su vida ahorcándose con una cuerda olvidada de su instrumento de antaño.

Cierta óptica de la inutilidad del arte per se, se aprecia también en “Gloria maldita”, en el que un neófito en el mundo del teatro recibe la noticia de la muerte de su hija después de ser aclamado por el público.

La locura científica, como expresión quizás de la enajenación del hombre producto de la sobredosis de civilización, se manifiesta en los relatos de “Vitalis”, “Cerebalis” y “Extraña locura”, sin grandes pretensiones literarias pero sí en cuanto a mostrar de forma paródica el alejamiento del espacio vital de la naturaleza y del contacto humano.

Su trayectoria narrativa fue bastante extensa –más de una treintena de obras, según afirmara Carlos Loveira cuando el autor no había puesto punto final a su producción- la cual incluye además de las citadas y otras, las obras de “Por la Patria”, “Incesto”, “La eterna lucha” y “El Mar”, en las que está presente una desencantada ironía, en cuyo trasfondo sin embargo late todavía cierta confianza en la condición auto reformadora de lo humano.