4.3.5 La obra novelística de Jesús Masdeu Reyes (1887 – 1958)

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Cuba Contemporánea, La Habana, abril de 1924.

El género de la novela fue cultivado con no desdeñable acierto por Jesús Masdeu, cuya trayectoria en este sentido incluyó la primera y principal obra de “La raza triste”, 1924; “La gallega”, 1927, “Ambición”, de 1931 y además “El ensueño de los míseros”, que ha permanecido inédita. Escribió también el ensayo “Cuba, tierra de esclavitud”, que coincide en cuanto a tópico con el material social que dio cuerpo a sus novelas.

“La raza triste” constituye un sentido alegato de defensa de la raza negra, ubicada en el lapso temporal que media entre la alborada republicana y el alzamiento de los independientes de color, acaecido en 1912. En la obra pone de manifiesto que el fin de la esclavitud y algunos derechos consignados a los negros no implicaba término para la discriminación racial, la cual crecía hacia los estratos más altos de la jerarquía social.

Los hechos transcurren en la ciudad de Bayamo, cuya sociedad y sus epidérmicos valores son descritos con verosimilitud, de particular connotación contestataria resulta el episodio de la entrega de una muchacha blanca aristocrática al personaje negro, protagónico, de Miguel Valdés, sobre una tumba, sin dudas abordado con cierto patetismo romántico de impronta folletinesca pero válido en su afán de traer este asunto a colación, normalmente tratado a la inversa, por cierta indulgencia con que se percibían las relaciones extramaritales de hombres blancos y mujeres de color.

Por su parte, en “La Gallega”, recrea el tópico de la inmigración peninsular, si bien no del todo inusual, sí en cuanto al caso de una mujer y los avatares materiales y morales a través de los cuales se ve obligada a deponer sus esperanzas de medrar económica y socialmente. El tópico evidencia la empatía que estableció el autor con los miembros de los estratos sociales más bajos, sometidos a duras condiciones de vida y bajo la égida de una moral que les era en esencia ajena.

En “Ambición”, se propone explícitamente exponer los vicios que lacraban la sociedad neocolonial, sobre todo desde el punto de vista político y administrativo, cuyo protagonista, nombrado Braulio Cañizo, consciente de que la situación imperante requería un cambio radical, no duda en asumir una actitud arribista para obtener prerrogativas políticas y escalar posiciones económicas.

Resulta del todo contradictorio que el autor haya dedicado esta última pieza narrativa a Gerardo Machado, con el texto nuncupatorio de “que los ha combatido (los vicios) en sus raíces profundas”, incluso viajó a los Estados Unidos en 1933 para entrevistar al dictador tras su derrocamiento. Sin embargo el resto de su trayectoria periodística resulta atendible tanto por el contenido como por cierto vuelo literario, plasmada en “El Día”, “Heraldo de Cuba”, “El País”, “La Discusión”, “Pueblo”, “Excelsior” y “Bohemia”, entre otras de la época.