4.3 El género de la novela, su desarrollo en Cuba entre 1899 y 1923

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La novela cubana, en consonancia con lo que ocurría en Latinoamérica, asimiló y mantuvo tardíamente el naturalismo como corriente estética fundamental para plasmar la problemática político – social de la Isla, dado que esta permitía expresar artísticamente los conflictos sociales, sobre todo derivadas del orden y los valores morales impuestos por la burguesía, a manera de espejo; pero generalmente esta actitud desde las letras no implicó un accionar coherente encaminado a la transformación de la realidad.

El realismo de fuerte impronta española primó en el abordaje de los temas, a pesar de que se mantenían todavía algunos remanentes románticos -sobre todo en la denominada literatura folletinesca- y el modernismo confluyó en las premisas artísticas de algunos escritores, con relativo acierto.

La crítica literaria considera que las figuras más importantes del período fueron Miguel de Carrión, Carlos Loveira, Jesús Castellanos, José Antonio Ramos y Alfonso Hernández Catá, quienes, desde sus individualidades creadoras, se preocuparon por plasmar la realidad circundante desde una perspectiva comprometida con los sectores desposeídos y el sufrimiento humano; aunque sin vislumbrar un cambio en el status quo para el porvenir.

El cultivo de la novela en la etapa no se deslinda claramente del cuento, sobre todo en lo que respecta a las denominadas noveletas y los que otros consideran cuentos largos, sin perfiles claramente diferenciables en cuanto al tratamiento del discurso narrativo. El tono ensayístico asimismo permeó gran parte de nuestra producción narrativa, ello por el carácter de tesis que adquirían a veces en cuanto al análisis de la realidad social.

A pesar del propósito loable y del comprometimiento de los escritores con sus circunstancias, la realización estética de los textos no alcanzó en sentido general un alto nivel, que fuera parangón de la literatura europea e incluso de algunas piezas latinoamericanas. La visión de la realidad revela a veces cierto maniqueísmo y los caracteres son trabajados sin atender a sus especificidades, como meros arquetípicos de las conductas que se pretende estudiar.

Primaron en la novela de esta etapa los ámbitos urbanos –el rural fue tratado con el habitual bucolismo desprovisto de intenciones indagadoras-, con la excepción de la temática histórica que implicaba una vuelta al fecundo entorno de la manigua, a veces con reverencia pero también algunas piezas revelan un tono irónico cuyo último sentido no ha sido puesto del todo en claro, como resulta el caso de “La manigua sentimental”, de Jesús Castellanos.

El realismo se aprecia tanto en la arista individual, psicológica, de los conflictos de los personajes, como en visiones que privilegian lo sociológico, incluso de puro trasfondo social; pero el espectro de novelas de la etapa permite aproximarse al conocimiento de la etapa, las circunstancias político – sociales y como ello influiría en la conciencia colectiva sobre la base de una infraestructura deformada desde su propia concepción sistémica, sometida a los desmanes de los políticos corruptos y más allá los titiriteros imperiales, de vez en cuando entrevistos en algunos textos.