4.4.2.13 Cubanidad, cubanía y sus raíces en la obra de Fernando Ortiz (1881 – 1969)

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Aunque muchas veces se asocia la obra de Fernando Ortiz exclusivamente al tema negro y africano, lo cierto que sus estudios de esta índole en definitiva estuvieron en función de desentrañar la raigambre de la cubanidad en un sentido sincrónico y diacrónico, prueba de ello son los estudios sobre cultura hispana, lo indoamericano e incluso el tema de la migración como uno de los fenómenos configuradores de nuestra identidad.

Ya se han abordado las vertientes y piezas que tratan directamente el tema negro, integrado a nuestro devenir como pueblo, por lo que se referirán otras de sus piezas bibliográficas que indagan en diversas raíces y manifestaciones de lo cubano, no especialmente negras.

En 1910 publica el artículo “Folklor cubano” en el que se aprecia ya una amplitud de miras no reductible a la herencia africana sino que indaga en un pasado múltiple desde el punto de vista racial y cultural y se interesa asimismo por el presente, por la coexistencia e integración de usos y simbologías provenientes de diversas fuentes, aun para ello no había acuñado el término de “transculturación”.

Se interesó también por el devenir histórico de la nación y las gestas independentistas, temática dentro de la cual se incluyen apuntes biográficos de próceres e intelectuales del siglo XIX, como José Antonio Saco (José Antonio Saco y sus ideas cubanas, 1929) así como su contribución “Las simpatías de Italia por los mambises cubanos, documentos para la historia de la independencia de Cuba”, publicado en Marsella en 1905, homenaje también diplomático a los vínculos entre ambas naciones.

En 1913 publica en París “Entre cubanos (Psicología tropical)” en el cual recopila artículos de cierta diversidad temáticas pero tendientes a establecer la autoctonía de lo cubano por encima incluso de las raíces que con tanto empeño se dedicaba a estudiar.

En 1922 publicó “Historia de la arqueología indocubana”, en la que recopila los hallazgos de esta disciplina y los interpreta a la luz de sus concepciones teóricas positivistas. Desde el punto de vista geográfico se ubica en el Caribe y trata de precisar los orígenes de los primeros habitantes de la Isla, usos y costumbres que de algún modo quedaron en la memoria ancestral del pueblo. Eleva estos estudios a un grado cualitativamente superior con “Las cuatro culturas indias de Cuba”, de 1943.

Dos textos, el primero de ellos un discurso, que resultan claves para comprender su óptica sobre las circunstancias y coyunturas que habían concurrido en la conformación de la identidad nacional son “La decadencia cubana, discurso de propaganda renovadora, de 1924 y “Los factores de la cubanidad”, ya en 1940, en los que también están presentes su sentido de una Cuba independiente, por la abolición de la Enmienda Platt y ya en el segundo la adopción de un programa revolucionario, además de su conocido símil del ajiaco para definir nuestra cultura.

En sentido general lo cubano no se restringe a una u otra obra de Ortiz sino que está presente como latido y como destino de sus indagaciones científicas y culturales. Aunque no se incorporó a la parafernalia de la Revolución ni fue dado al entusiasmo triunfalista, sí participó de su esencia igualadora de todos los cubanos en busca de un mejor destino para el país. Juan Marinello afirmó que el sabio había sido el “tercer descubridor” de Cuba, aunque su obra aun está por descubrirse