4.4.2.6 El tema político y el antiimperialismo en la obra de Fernando Ortiz (1881-1969)

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Aunque Fernando Ortiz fue sobre todo un luchador del ámbito de las ideas, portador de un sentido revolucionario más enraizado en la cultura que de claro signo ideológico, no por ello dejó de asumir y expresar una actitud política y un compromiso en las coyunturas más difíciles de la nación. En este sentido se exilió voluntariamente en los Estados Unidos durante la etapa final del machadato y expresó el derecho a la libertad de los pueblos.

Miguel Barnet describe su accionar en los siguientes términos: “Formador de generaciones integró el Grupo Minorista, trinchera del antiimperialismo; fundó, creó instituciones y revistas. Firmó todos los documentos y alegatos contra el imperialismo y la discriminación racial que le fueron sometidos.”

En sus inicios como pensador no vislumbró aun los males del sistema político republicano y cifró sus esperanzas – como tantos otros intelectuales- en la educación y fundamentalmente la cultura como vía para el desarrollo del país desde el punto de vista del intelecto en primera instancia pero también económico, con el sello del liberalismo burgués.

Muchas de sus ideas al respecto son vertidas en su folleto de 1919 “La crisis política cubana, sus causas y remedios” en la que atribuye este sentido de déficit cultural al subdesarrollo, desde una óptica de dicotomía de clase. Sin embargo se percataría que la cultura –si bien imprescindible para el desarrollo- no constituía la panacea para tantas lacras neocoloniales y señala ya “el predominio económico de los elementos extranjeros” como una de las causas subyacentes.

En 1927 publica “Las relaciones económicas entre los Estados Unidos y Cuba”, al cual siguen una serie de trabajos en el que se aprecia la maduración de la idea de que Cuba debe obtener su segunda independencia. En este sentido publica en 1931 “La situación de Cuba”, “Las responsabilidades de los Estados Unidos en los males de Cuba” y “Cuba necesita ser libre de nuevo y lo será realmente”, expresión programática de una posición de principios que no abandonaría.

En 1934 publica también “Una nueva forma de gobierno para Cuba. Manera de terminar con la serie de dictaduras”, donde apuntaría algunas ideas que serían mejor perfiladas en “Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar”: “Cuba no será en verdad independiente sin que se libre de esa retorcida sierpe de la economía colonial que se nutre de sus campos, pero estrangula a su gente y se enrosca en la palma de nuestro escudo republicano, convirtiéndola en un signo de dólar extranjero.”

Algunas alusiones que introdujo en “Una pelea cubana contra los demonios”, publicada en 1959, hacen pensar en una simpatía preexistente por la Revolución, aunque se mantuvo un tanto al margen, quizás por su filiación al liberalismo burgués o tal vez porque era más dado a un apoyo tácito, desprovisto de rimbombancia, necesitado de asistir al desarrollo de los acontecimientos, lo cual quedó sesgado por su muerte en 1969.