4.4.2.7 “Contrapunteo cubano entre el tabaco y el azúcar”, 1940, de Fernando Ortiz (1881 – 1969)

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4.4.2.7

“Contrapunteo cubano entre el tabaco y el azúcar” constituye quizás la obra más importante de Fernando Ortiz, en la cual aborda la historia nacional desde el punto de vista político y económico, a través de estos fundamentales productos pero apelando también a sus cualidades simbólicas y con una estructura narrativa de cincelado literario.

Ortiz se refiere al significado del tabaco y de los tabaqueros en cuanto a las luchas por la independencia nacional, así como la explotación capitalista de esta industria, a partir de los cultivos cubanos. El azúcar por su parte es vista desde el ángulo de la penetración extranjera que siempre ha significado; en tanto transmutación literaria se personifica y se le atribuyen características de sumisión, en contraposición al tabaco:

“En el azúcar no hay rebeldía ni desafío, ni resquemor insatisfecho, ni suspicacia cavilosa, sino goce humilde, callado, tranquilo y aquietado. El tabaco es audacia sonadora e individualista hasta la anarquía. El azúcar es prudencia pragmática y socialmente integrativa. El tabaco es atrevido como una blasfemia, el azúcar es humilde como una oración. Debió de fumar tabacos el burlador Don Juan y de chupar alfeñiques la monjita Doña Inés. También saborearía su pipa Fausto, el inconforme sabio y, sus grageas Margarita, la dulce devota”

Se ha dicho que el texto se anticipa al estructuralismo que emergió más de una década después en Francia, por el modo en que aborda su objeto de estudio y los propios estudios lingüísticos correlacionados. Sin embargo Ortiz no depone la raíz positivista de su perspectiva, pero nutrida por cierto sincretismo teórico.

En este texto es donde Fernando Ortiz concreta el significado y el vocablo de transculturación, que expresa mejor la transposición de una cultura a otra, no aculturación en el sentido de anulación de lo propio y asunción plena de los elementos del ámbito sino un proceso en que se dejan de lado algunos de los elementos de la identidad para asimilar otros, continuidad y ruptura, que expresa está en la base híbrida de la cultura nacional.

En el concepto y a lo largo de toda la obra Ortiz hace énfasis en los elementos propiamente culturales de la integración de lo cubano, uno y diverso a un tiempo. En este sentido lo étnico resulta secundario, mero color que solo implica un mestizaje visual pero más que diferencia, la diversidad es de otra índole y sin anularla están ya establecidos los vasos comunicantes de todo lo cubano.