4.4 El género ensayístico en la etapa de 1899 – 1923

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El panorama del pensamiento cubano de la etapa, plasmado en sus vertientes políticas y estéticas a través del ensayo, fue bastante complejo en tanto convivieron generaciones distintas de intelectuales: quienes ya habían alcanzado la madurez en el último reducto de tiempo español, Varona, Sanguily y otros y la generación que se posesionaba al configurarse los albores republicanos, integrada por diversos nombres, entre los que sobresale el preclaro Fernando Ortiz.

Desde el punto de vista ideológico la cuestión transitaba por pugnas muy similares – si bien en otro contexto socio – histórico, dada la transmutación que significó el cese de la administración colonial española- a las de antaño, la intelectualidad estaba escindida entre el nacionalismo de visos antinorteamericanos –todavía no “antiimperialismo”- y la toma de partido por la penetración yanqui en los distintos órdenes de vida, lo cual no solo se asociaba a la ascendencia intelectual sino también a la jerarquía socio – económica.

La visión elitista de la intelectualidad primó en la mayor parte del período, donde la crítica al sistema se basaba sobre todo en la exclusión de esta de la dirección del país y no de las grandes masas obreras y campesinas. Una verdadera visión política de las circunstancias no se abriría paso en la literatura hasta el surgimiento del Grupo Minorista.

Antes de la irrupción del Grupo Minorista, ya en 1916, José Antonio Ramos había publicado “Manual del perfecto fulanista”, que refleja quizás la conciencia literaria más alta de su tiempo, en materia de ensayo, sobre la envergadura de la problemática político – social y que influiría asimismo en otros cultivadores del género en la etapa.

Desde el punto de vista estético, el positivismo determinó cierto academicismo a ultranza en las perspectivas analíticas, ello porque el género no había asimilado del todo el discurrir literario de las ideas, un abandono del escritor, no surrealista pero sí de la estricta coherencia lógica del lenguaje científico, para tomar senderos más bien asociacionistas, dejar correr libremente las “aguas discursivas”. En este sentido Francisco José Castellanos fue un precursor del género en la Isla.