4 El desarrollo de la literatura cubana en el contexto republicano (1899 – 1958)

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La literatura cubana a lo largo de las casi seis décadas que duró la solapada férula norteamericana, emergió desde la frustración y el anquilosamiento de los moldes expresivos de las dos primeras décadas, hacia la configuración final de una faz literaria si bien todavía signada por la dominación, ya integrada en cuanto a las corrientes y vertientes de lo nacional, con los hallazgos de una concepción de defensa de lo popular que tomaba en cuenta todos sus sectores, en los cultivadores más importantes de cada género.

Si bien las dos primeras décadas no resultaron significativas y estuvieron marcadas por anacrónicas reminiscencias modernistas y aun del tardío romanticismo decimonónico, tanto en la poesía como en la narrativa, ya alrededor de 1930 se había instaurado el llamado Grupo Minorista, con un programa político y una propuesta literaria que tuvo como tribuna fundamental la Revista de Avance.

Cada momento histórico de esta etapa tuvo su resonancia ya en la literatura o ya en su ausencia y los roces generacionales, sin obviar la preeminencia de los elementos de continuidad, contribuyeron a fecundarla y a ensanchar el panorama de los diversos géneros, entre los cuales la poesía ocupó un sitial relevante como súmmum de la tradición cultural.

La fundación de la revista Orígenes en 1944 y la actividad literaria desplegada por sus miembros desde algunos años antes de que cuajara definitivamente el proyecto, contribuyó con inusitada potencia al rescate de las raíces nacionalistas de la cultura –especial énfasis en la obra literaria y revolucionaria martiana- y se concretó en una poética trascendente, abocada a conjurar la banalidad imperante como resultado de un proceso de desintegración de la conciencia nacional que debía ser revertido.

Esta etapa, quizás como expresión de una literatura de fricción con el contexto político social y donde ya la emigración desempeñaba un papel importante, ha sido la que se corresponde a las obras de mayor cantidad de autores de valía literaria en los diversos géneros, sobre todo en la poesía.

Como parte del parnaso origenista resultan insoslayables los nombres de José Lezama Lima, Eliseo Diego y Cintio Vitier, a los que se suma otra pléyade de la cual forman parte Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Eugenio Florit y otros muchos. La narrativa contó con Lezama y Alejo Carpentier, exponentes también del barroco americano. El advenimiento en 1959 del triunfo de la Revolución inauguró una etapa de auge cultural que ya había sido en cierto modo cimentada por estos grandes de las letras, que otorgaron un rostro a la literatura cubana.