8.5 Músicos relevantes de la música cubana del siglo XIX (1868-1900).

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El músico como figura más trascendental en esta etapa fue Ignacio Cervantes Kawanagh (1847-1905). Constituyó el compositor más importante de la música cubana del Siglo XIX, discípulo de Espadero, autor de una Sinfonía en do y del Scherzo capriccioso, la mejor página cubana de ese siglo, y de las célebres Danzas cubanas para piano. Poseía en sus composiciones cierta influencia chopiniana pero sin renunciar al sabor criollo; estas danzas continúan la línea musical de Manuel Saumell, aunque están mucho más elaboradas musicalmente.

Laureano Fuentes Matons, compositor, violinista y director de orquesta cubano, con quince años de edad, se podía escuchar en la Capilla de Música de la Catedral de Santiago (Heredia e/ San Félix y Santo Tomás, Santiago de Cuba), obtuvo ocupando el atril de primer violín, lugar que se ganó por oposición. Desde fechas tempranas se hizo evidente el gran virtuosismo que ostentaba Laureano, ya que para él no existían dificultades técnicas insuperables y era capaz de interpretar cualquier pasaje.

Sus obras disfrutan de una fuerte influencia europea. Con sus óperas, seguía los patrones italianos y franceses. Entre sus obras litúrgicas, se encuentran misas, himnos, responsorios, salmos, antífonas, lecciones, invitatorios, secuencias, benedictus, graduales y otras piezas.

Laureano Fuentes Matons, era llamado por sus contemporáneos como el Paganini cubano. Fue el primer cubano que compuso una ópera, así como un poema Sinfónico “América” (1892).

José Silvestre White, músico y violinista cubano, junto con Ignacio Cervantes fue uno de los mayores precursores de la música cubana del siglo XIX, así como del género de Habanera. De cuba fue expulsado en 1875 junto a Cervantes por dedicar varios de sus conciertos para recaudar dinero para la causa independentista cubana. Fue maestro de grandes virtuosos europeos como Jacques Thibaud y Georges Enescu y de los cubanos Rafael Díaz Alberti e Ignacio Sardiñas.

Gaspar Villate, compositor cubano; nació el 27 de enero de 1851 en La Habana. Fue discípulo de Nicolás Espadero. Compuso sobre el drama homónimo de Víctor Hugo, la ópera “Angelo, tirano de Padua”; cuando contaba con tan solo dieciséis años. Su producción teatral, no muestra muchos rasgos de cubanía, con la excepción de sus piezas, las cuales se consideran lo más logrado de su repertorio: “La virgen tropical”, “Adiós a Cuba” y “Contradanzas”. Su música en general, se caracteriza por no poseer o por carecer inspiración criolla, esta tiene correlación con el estilo italiano de la segunda etapa verdiana. Gaspar Villate, es calificado como el compositor de óperas cubano de más éxito en el siglo XIX.

Hubertus Christian de Blanck Valet, conocido internacionalmente como Hubert de Blanck, fue un prestigioso intérprete, compositor y pedagogo; nacido en Holanda. Arribó a La Habana en 1882. Inauguró el 1 de octubre de 1885 en el Paseo del Prado, un conservatorio de música, que constituyó el primero de su género en el país. Su creatividad fue reveladora en el campo de la enseñanza. Se considera una de sus más relevantes composiciones la ópera Patria. Esta obra constituye la primera en afrontar el tema de la gesta independentista cubana.

Hubert de Blanck reunió un profundo catálogo autoral de más de treinta obras dedicadas al piano; también para voz y piano; violín y piano; orquesta sinfónica y banda, música de cámara y teatro lírico; además de varios textos pedagógicos. Su estilo fue post-romántico; sembró todos los géneros con atiborrado dominio estilístico y cuidado de la forma, conservando una melodía de carácter lírico, fluida e inspirada, de gran tenacidad musical. Este importante músico constituye un irrefutable e inquebrantable vínculo cultural entre Holanda y Cuba.

José Marín Varona, profesor, compositor y director cubano de orquestas y bandas militares; nació el 10 de marzo de 1859 en la ciudad de Camagüey. Varias de sus composiciones se dieron a conocer mediante la interpretación de la compañía de bufos. En 1900, obtuvo un premio en la Exposición Universal de París, por sus danzas para piano tituladas: Tropicales; y en 1901, en la Exposición Panamericana de Buffalo, Estados Unidos, fue premiado su vals de concierto Esperanza. Asimismo constituyó la revista Cuba Musical, donde cultivó la crítica y también colaboró en otras publicaciones de manera sistemática. Sus obras han sido interpretadas por grandes figuras de la música como Chalía Herrera, soprano cubana que grabó varias de ellas. Fue un gran compositor de zarzuelas, canciones y obras para piano.

Jorge Anckermann, pianista, compositor y director de orquesta cubano; dirigió una pequeña orquesta con la que se animaban las películas silentes en los cines de la capital cubana.

Componía la música para las grandes obras que se estrenaban, las pequeñas partituras de cinco o seis números musicales de las revistas que estrenaban cada viernes. Además los llamados Conciertos Típicos cubanos, fueron idea de Anckermann, los cuales se ofrecían cuatro o cinco veces al año.

Escribió numerosas partituras de zarzuelas, revistas, “juguetes cómicos”, así como canciones, criollas y boleros. Es considerado el creador del género llamado “guajira”. Anckermann fue calificado como uno de los compositores cubanos más prolíficos de todos los tiempos.

Entre otras figuras románticas de la época se encuentra: José Manuel Jiménez (1855-1917), profesor de piano del conservatorio de Hamburgo, que tiene el mérito de haber sido el primer cubano en abordar el género del “lied”.

En la música cubana del Siglo XIX, también se destacaron las mujeres. Entre ellas Catalina Berroa Ojeda (1849-1911) que fue instrumentista, compositora, profesora y directora de orquesta. Fue la primera cubana que alcanzó fama de gran músico como compositora y directora orquestal. Dirigió durante el último cuarto del siglo XIX y principios del XX, la capilla musical de la Parroquia Mayor de Trinidad. También fue la mejor formadora y profesora de música de esa ciudad, entre sus discípulos se destaca su sobrino Lico Jiménez. Tocó ocho instrumentos musicales, pero se destacó en la ejecución del órgano, que fue su instrumento preferido. Compuso música de todo tipo, incluyendo la litúrgica o sacra. Contaba con una exquisita inspiración para componer, figurando entre sus creaciones populares, una de las primeras habaneras, titulada La trinitaria.

Otra dama notable en la música cubana del Siglo XIX fue Cecilia Arizti (1856-1930). Esta pianista y compositora era hija de Fernando Arizti, un conocido instrumentista de ese siglo. Tuvo como profesor, además de su padre, al más destacado pianista y compositor de mediados de ese siglo, Nicolás Ruiz Espadero. De esta misma centuria es Ana Aguado, La Calandria, (1866-1921), excelente cantante y pianista, quien en unión de su esposo Guillermo Tomás, divulgó la incipiente música cubana por Estados Unidos y España. La Calandria mereció el elogio del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, por los esfuerzos que hizo a favor de la independencia de Cuba.

Bibliografía:

CARPENTIER, A: Temas de la lira y del bongó. Ed. Letras cubanas. La Habana, 1994.