9.2.3 El Sucu-sucu.

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9.2.3 Mongo Rives, representante del Sucu-sucu

En la primera década del Siglo XX la propagación de la industria azucarera trajo consigo las migraciones de jamaicanos y puertorriqueños que se asentaron mayormente en Camagüey y Oriente. Entre el 1915 y 1935 evolucionaron nuevas formas musicales en Cuba, entre ellas el Sucu-sucu, una modalidad del son que se conoció primeramente en la Isla de Pinos.

En la Isla de Pinos se fomentaba el cultivo y la explotación de los toronjales y de los bosques de madera, utilizándose mano de obra diversa, entre ellos los jamaicanos y otros emigrantes provenientes de las Islas Caimán, quienes trajeron también sus elementos culturales. El sucu-sucu, el changüí, la plena y otros ritmos caribeños de esta época, recogen estrecha relación unos con otros en cuanto a los esquemas rítmicos musicales y los pasillos bailables “escobillados”.

Poco se ha dicho sobre de este ritmo bailable. Estudiosos adjudican a la Guayana Francesa la paternidad de este género, mientras que investigadores cubanos defienden su surgimiento en suelo Pinero. Lo cierto es que fue muy popular sobre todo en el ambiente político y social de principios del siglo XX en esa región de Cuba.
En este género musical cubano se destaca el uso del güiro y un machete rascado con alguna varilla de metal como instrumentos predominantes. El tres, marímbola, maracas, bongó, claves y algún metal como raspador también están presentes en este género. Concibe un baile muy movido, de pareja, con pasos saltados, que aún se estila en ciertas zonas del país.
En el grupo interpretativo hay un solista, y un coro que siempre canta una tonada única. Es muy importante el sentido de la improvisación del solista, basándose en una cuarteta o una décima. El coro es un elemento rítmico muy importante en el Sucu-sucu, pues alterna con el cantante varias veces en una misma pieza.
Entre los Sucu-Sucu más conocidos están «Domingo Pantoja» y «Felipe Blanco», atribuido a Eliseo Grenet. Este último se refería a que Felipe Blanco quien gobernaba en Isla de Pinos durante la colonia española, denunciaba a los que no trabajaban. De ahí nació el cubanismo para cuando alguien no trabaja decir: «está tirando un majá», «está majaseando»; pues parte de la letra dice: «Los majáes no tienen cuevas Felipe Blanco se las tapó, se las tapó, se las tapó, Felipe Blanco se las tapó.»
Más conocido en el extranjero que en el ámbito cubano, el Sucu-sucu tiene su mayor exponente en estos momentos en el músico y compositor Ramón Mongo Rives, un campesino de la Isla de la Juventud que dirige el grupo La Tumbita criolla. En el hogar de Mongo existe una escuela, en la que enseña a los más pequeños los secretos de ese auténtico género.
El ritmo del Sucu-sucu es contagioso y muy cubano; los danzantes no mueven ni hombros ni caderas, lo cual lo identifica, en ese aspecto, con el son oriental.
Y mientras la sociedad cubana es sacudida por ritmos de los últimos tiempos en la Isla de la Juventud, el Sucu-Sucu mantiene indemne su gusto por su autóctono ritmo, el cual tiene en Mongo Rives la representación de una verdadera leyenda.