9.4.1 Amadeo Roldán.

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Amadeo Roldán, compositor, profesor, violinista, director de orquesta, nace en París, Francia en 1900. De ascendencia criolla, su padre era español y su madre cubana. Su educación musical se inició y transcurre en el Conservatorio de Madrid, donde tuvo numerosos triunfos como estudiante.

En 1919 se traslada a Cuba y fija su residencia en La Habana. En 1922 integra la Orquesta Sinfónica de La Habana como violinista, dirigida por Gonzalo Roig. En 1932 fue designado director de la orquesta Filarmónica de La Habana, que estuvo dirigiendo hasta su muerte. En 1936, asume la dirección del Conservatorio Municipal, implantó una nueva estructura en sus planes de estudio. Logró que el conservatorio se convirtiera en el centro de educación musical más prestigioso del país.

Se juntó a Fernando Ortiz en la divulgación de nuestros valores folclóricos, destacando los aportes de las culturas de origen africano. Como perteneciente a este movimiento afrocubano, utilizó en sus obras ritmos y melodías africanas en la música de concierto. Representante del sinfonismo, fue el primero que incluyó los instrumentos de percusión cubana en la orquesta sinfónica y creó una notación musical especial para ellos.

Su prestigio le propició el estreno de sus obras en Europa y América, lo que lo puso en contacto con los medios musicales de avanzada, permitiéndole conocer las más recientes creaciones, cuyas partituras se ingeniaba en obtener para estrenarlas en Cuba. Los programas de sus conciertos poseían una alta calidad, participaron numerosos intérpretes cubanos que alternaron con solistas y directores extranjeros de primera calidad. Roldán siempre tuvo gran interés por divulgar la música contemporánea, participó en los Conciertos de Nueva Música; organizados por Alejo Carpentier. Ofreció conferencias y cursos de apreciación musical en las sociedades Pro-Arte y Lyceum, entre otras.

Entre sus obras más destacadas figuran Los tres toques, Motivos del Son, Los dos ballets “La Rebambaramba” (1928) y “El Milagro de Anaquillé” (1929), Rítmicas V y VI.

Su rauda desaparición fue en el año 1939. Hoy la figura de Amadeo Roldán, es exaltada y apreciada en su justa dimensión, se hace imperecedera en la historia de nuestro desarrollo musical. Su nombre es un símbolo en la tradición de nuestra cultura nacional cubana.