El escultor Esteban Betancourt Díaz de la Rada (1893 – 1942), su obra

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Esteban Betancourt Díaz de la Rada nació en Camagüey, el 3 de agosto de 1893, y falleció en La Habana, el 21 de julio de 1942. A pesar de que su vida no fue larga, dejó una obra extensa y de calado artístico, que nos ha permitido además contar con efigies de personalidades cubanas de renombre y ampliar un patrimonio que no resultaba vasto en cuanto a esta manifestación de las artes plásticas.

Siendo joven fue alumno de la Escuela de San Alejandro, donde descolló por su temprano talento. Posteriormente viajó a Barcelona, en esta ciudad continuó su formación académica y se convirtió en notable escultor, en el curso de 10 años.

Regresó a Cuba en 1923, incluso volvió a su natal Camagüey, para retomar el contacto con sus raíces. Allí el Ayuntamiento le solicitó la ejecución de un monumento en bronce y granito a Manuel Ramón Silva, el cual sorprendió por su majestuosidad y demostró la capacidad artística de Betancourt.

Poco después inicia un nuevo viaje a Europa y a los Estados Unidos, en Nueva York residió por 5 años, nutriéndose así del arte de las principales ciudades del mundo y dando a conocer su obra. Su pieza de Lincoln refleja muy bien esta etapa, en la que no se interesó solo por las proporciones y las poses de las figuras, sino también por reflejar la personalidad y un contenido emocional que aflora a través del cincelado.

Otra vez en Cuba, en 1929, comenzó a impartir clases en la Academia de San Alejandro y continuó trabajando en el perfeccionamiento de su arte. Entre las esculturas más importantes de este artista se encuentran la de la Avellaneda, la de Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, la de Leopoldo Romañach, la de Domingo Ramos y la de Cristo Jesús, un variado abanico de figuras. La prolífica obra de este escultor integra con orgullo el patrimonio nacional de la Isla.